Temas del día:

Así jugaba Guillermo Coria: un talentoso atorrante y voraz destructor de rivales

Acaso fue el más fulgurante tenista argento después de Guillermo Vilas. Jugaba lindo y bien. El detalle de lo mejor de sus mejores días. 

03 de junio de 2020 a las 09:01 p. m.
Así jugaba Guillermo Coria: un talentoso atorrante y voraz destructor de rivales

Cualquier referencia a Guillermo Coria en el futbolizado mundo deportivo argentino tiene las siguientes palabras tagueadas en la búsqueda googlera: "derrota", "Roland Garros 2004", "final con Gastón Gaudio".

Entrarle a Coria por el lado del "perdedor" es una manera muy chiquita de ver a un talento muy grande. Acaso fue víctima del exceso de todas sus virtudes en el peor momento, a punto de lograr su obra cumbre en el tenis (estaba paseando al "Gato" en aquel partido decisivo y se acalambró...). Acaso fue el más fulgurante tenista argento después de Guillermo Vilas.

Imagen de la nota

Este "Así jugaba" reporta del Coria que lució con gala el apodo de "Mago". No es que este aún treinteañero adulto nacido en Rufino necesite reivindicación alguna, pero en Mundo D regamos de palabras pomposas su impronta de jugador top.

Coria era un flaquito firme, finito y recio a la vez. Espalda de gimnasio, brazos de remero y piernitas dósiles y elásticas para llegar a lugares imposibles sin que se notara que era imposible navegar hasta allá.

Coria era un jugador de toda la cancha. "Usaba rollers" yendo y viniendo por el fondo de la cancha. Se zambullía a la red para volear o smashear. Tenía aguante para peloteos. Tenía tolerancia a estar defendiendo. Tenía voracidad para atacar. Era muy intenso atacando. "Sometedor", si se permite la inexistente palabra para una justa descripción.

Le faltaba saque y, tristemente, la falta de evolución de ese golpe lo sacó del circuito: recordar cuando terminó sacando de abajo para no hacer aniñadas doble faltas. Pero… a Coria no le faltaba claridad para iluminar su parte oscura. Coria era un gran variador de servicios. Así progresó y se mantuvo en la elite (llegó a 3 del mundo en un suspiro).

Imagen de la nota

Coria jugaba lindo y bien. Coria, además, era un competidor voraz. Un agrandado. Un triunfador que no se conformaba con triunfar. Quería despedazar la moral del rival. En términos futboleros, era de los que tiraba caños cuando estaba goleando. Su personalidad lo envalentonaba para bien o para mal.

A veces no se toleraba su humanidad con altos y bajos. Ahora cuando estaba en modo Coria… le pintaba la cara a cualquiera. Sobre todo en polvo de ladrillo, donde fue el más picante hasta que Rafael Nadal irrumpió con sus superpoderes.

Imagen de la nota

Coria aplicaba todos los golpes y todos los recursos en cualquier momento del punto y durante cualquier punto y en cualquier circunstancia. No era que ganaba de una forma. Ganaba de todas formas. Drive cruzado con rosca que explotaba en la lona del fondo de cancha (disfrutar de la empuñadura de la foto de arriba). Drive paralelo de esos que pican y se plancha. Desgastaba con un limpiaparabrisas irritante.

Revés a dos manos todoterreno y en todas las velocidades. Disponible para laburos finos y para garrotazos de delivery de winners.

Imagen de la nota

Contragolpeador empedernido. Se rescataba en el slice de revés y se restauraba con el slice de drive que le gestionaba un golpe de muñeca armonioso y explosivo.

Su drop era un don. La mitad del éxito del drop es esconderlo. La otra mitad es cuándo lanzarlos. Coria enhebraba ese acierto con regularidad llamativa.

Imagen de la nota

Claro que Coria no hizo eso todos los días de su vida dentro de una cancha. Sus días iluminados iluminaban a los amantes de tenis y futbolizó a otros hinchas. Coria irradiaba eso de tener que se hincha de él. Tuvo representantes de alta gama, lo admiraba Andre Agassi, Roger Federer quería medirse con él. Nadal le ganó milagrosamente en ese 2005 en el que Coria se apagaba y el español iniciaba su viaje a las galaxias.

El deporte se nutre de los que "hubiera pasado si". Su mejor tenis lo mostró en los primeros dos sets de la final con Gaudio. Si Coria hubiera ganado Rolanga "hubiera sido…".

Imagen de la nota

Es tentador completar la oración. Tanto como creer que Coria fue menos genial de lo que realmente fue.

Coria minimizaba rivales. Así jugaba. A ganar aplastando. Dejar de ganar así aplastó su carrera. A los 27 años se retiró oficialmente. Se había ido mucho antes. Dejando esa imagen de talentoso atorrante.

Sus mejores jugadas

Su perfil: 38 años, argentino, retirado. Mejor ranking: 3°. Victorias/derrotas: 218/114. Títulos: 9.