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Violencia en el fútbol: plomo para todos

28 de febrero de 2013 a las 10:38 a. m.
Violencia en el fútbol: plomo para todos

En un asado previo al partido contra River en el que hubo costillas, matambres, achuras y balazos de distintos calibres, unos 13 barras de Tigre resultaron heridos (finalmente uno murió) cuando supuestamente una facción que no estaba invitada al ágape irrumpió con armas en mano aprovechando el factor sorpresa. Si bien varias voces se alzaron pidiendo la condena a los responsables e incluso hay un par de imputados, la policía estaba a 15 kilómetros de distancia del convulsionado banquete, y las cámaras de la zona que filman hasta debajo de las camas, esta vez no captaron absolutamente nada porque estaban “fuera de servicio por una tormenta”.

Para algunos, estos dos últimos datos estarían preanunciando que la versión inicial del enfrentamiento quedaría eclipsada por otras hipótesis, impulsadas por dirigentes que niegan que en el fútbol aniden grupos con semejante capacidad de fuego.

A las armas las carga el diablo. En este conocido y antiguo proverbio que hace referencia a los disparos accidentales, se apoyan los que sostienen que el enorme saldo de heridos se debió a que se escaparon de manera absolutamente casual unos 100 balazos de diferentes armas cargadas que portaban los hinchas, amparados en la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos.

En cuanto a las razones por las que los barras argentinos suelen trasladarse con armas y municiones, quienes argumentan a favor de la portación recuerdan por ejemplo cuando los hinchas de Colón, que regresaban tiempo atrás a Santa Fe después de perder 4-0 con Lanús, se abrieron paso ante un piquete en la Panamericana disparando sobre los vecinos que protestaban por falta de electricidad. “En este caso las armas en manos de una parcialidad sirvieron para garantizar el derecho constitucional al libre tránsito”, afirmó un dirigente.

Un “loco” suelto. Al no existir imágenes del incidente, hay quienes consideran que los disparos podrían haber sido efectuados por un francotirador dispuesto a exterminar la barra brava del club. En este caso razonan que si uno de estos tipos dejó sin presidente a los Estados Unidos, no habría entonces razones que les impidan disparar sobre los barras de Tigre. “Estos locos siempre están, lo que pasa es que cuando estas cosas suceden lo primero que hace la prensa es culpar a los pibes porque tienen mala prensa”, aseguró un dirigente.

Víctimas de la inseguridad. Otros consideran que los barras de Tigre bien pudieron ser víctimas del accionar de bandas de arrebatadores. “Hay una creencia generalizada de que estos delincuentes sólo se abalanzan sobre jubilados o docentes que acaban de cobrar su sueldo, pero lo ocurrido podría estar demostrando que también los barras bravas pueden ser víctimas de la inseguridad argentina. Por qué no pensar que estos hinchas de Tigre fueron víctimas de un ataque masivo de motochorros que les querían robar las tiras de asado que estaban comiendo pacíficamente”, expresó un abogado especializado en excarcelar barras cuando son injustamente acusados de actos de violencia.

Mientras tanto, la policía que no descarta ninguna hipótesis (e incluye la supuesta explosión de un antiguo polvorín oculto en el lugar desde la Revolución del ‘55), trató de llevar calma a la opinión pública asegurando que no se dispararon 100 balas como sostienen algunos medios sino que solo fueron 15. De ser así y contando un total de 13 baleados, se estaría en presencia de tiradores de puntería endemoniada (tal vez tiradores olímpicos), ya que sólo habrían desperdiciado dos balas.

Finalmente, los que insisten que fue enfrentamiento entre pesados de la barra aseguran que los que participaron fueron los “segundas líneas”. Para esta afirmación se basan en el armamento utilizado consistente en armas de puño. “Si hubiera sido un choque entre primeras líneas estaríamos contando disparos de fusiles de asalto y hasta proyectiles antitanques”, asegura el especialista en pertrechos de las barras argentinas, Juan Carlos Perdigón.

Según el orden armamentístico decreciente proyectado por el especialista, las terceras líneas dirimen sus cuestiones con armas blancas y púas, y las cuartas y quintas con piedras, adoquines y/o baldosas.

A pesar de todo, el fútbol sigue siendo un espectáculo para la familia, siempre y cuando sus integrantes dispongan de chalecos antibala.