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Vélez marca el camino

14 de junio de 2011 a las 09:53 a. m.
Vélez marca el camino

Vélez Sársfield ya no es más aquel club de dirigentes prolijos y bien peinados que presentaban equipos de buenos jugadores, que casi siempre terminaban arrumbados junto al resto en la mitad de la tabla de posiciones.

A Vélez era ya una costumbre verle formaciones que jugaban bien a la pelota pero que sin llegar al ni fu ni fa en su predicamento para pelear un balón o luchar por un título, desnudaban en sus movimientos la ausencia de urgencias que sí tenían los clubes más exitosos del fútbol argentino.Quizá haya sido el hastío por ver tantas vueltas olímpicas ajenas, que no tuvo otra opción de apretar el botón de la ambición y salir a pelear mucho más en serio en el campo de juego. Vaya si le fue bien con ese cambio de actitud y de profundización de objetivos, que en 20 años metió ocho títulos nacionales y cinco internacionales.

En Córdoba, cuando alguna versión apuntaba el interés de Vélez Sársfield o Lanús por algún jugador local, era común escuchar: "Son gente seria; con ellos nunca tuvimos problemas de dinero". Eso no cambió; lo que sí se modificó es la compulsión a ganar, a no dejar pasar el tiempo, a acompañar a aquel mito único y al parecer inalcanzable del equipo campeón en 1968 de Daniel Willington y compañía.

Y esa flor solitaria, en un jardín demasiado extenso y vacío, pasó a ser una más en un terreno mucho más poblado de trofeos y de festejos.

Influyeron Bianchi y Chilavert, dos ganadores que arrasaron con todo. Y junto a ellos una camada disciplinada y altamente productiva que fue dejando hitos en su camino. Vélez Sársfield, el club de la Villa Olímpica ejemplar, el que presume desde sus altavoces de tener el teatro Colón del fútbol argentino por el Estadio José Amalfitani, no se cansó de ganar, sino que se acostumbró a ganar, y lejos de maniatar sus aspiraciones, las ha puesto a volar hasta distinguir la próxima conquista.

Vélez Sársfield es el tercer equipo más ganador en las últimas dos décadas, detrás de River Plate y Boca Juniors, y es el quinto equipo con más campeonatos ganados en el orden nacional desde que se instauró el profesionalismo en 1930.

Con distintos técnicos armó equipos aplicando una mixtura exitosa, de pibes propios y de experimentados bien recibidos. Su fábrica produce y moldea juveniles que salen a la cancha no sólo para cumplir. En Liniers cada jugador que se vende es propiedad exclusiva del club y, en consecuencia, también sus beneficios.

Poco amigos de empresarios, sus dirigentes tampoco han sido cercanos a la AFA.

Desde Raúl Gámez, un integrante de la barra brava reciclado hasta transformarse en su presidente, hasta la actual gestión de Fernando Raffaini, la entidad velezana ha tenido una postura independiente y opositora a muchas decisiones de Julio Grondona.

Hasta ahora no le ha ido mal. Lejos de recibir algún embate desde la calle Viamonte, su fortaleza institucional y sus conquistas deportivas lo muestran como la contracara a una gestión de más de 30 años, desgastada y con muchos flancos abiertos. Vélez es una entidad civil sin fines de lucro digna de imitar. Ya no acompaña las grandes realizaciones de otros clubes. Hoy marca el camino.