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Una vuelta de página

No es equivocado decir que este Belgrano es una de las formaciones más compactas y con más personalidad que tuvo el fútbol de nuestra provincia. Ganó en cualquier parte.

22 de mayo de 2012 a las 10:11 a. m.
Una vuelta de página

El gol de Andrés Silvera bien puede sentirse como un desahogo y como el fin de una etapa en Belgrano. Ya nada tendrá el tinte tenso e incómodo en la búsqueda de esos simbólicos 50 puntos. Al menos hasta el final de esta temporada, los cálculos y la lectura de los promedios mostrarán la pose distendida por el hecho consumado.Nada puede achacársele a Ricardo Zielinski y a los jugadores en el cumplimiento de esa meta. Empleados fieles y confiables, receptores de una obligación, honraron el mandato de una tribuna que los siguió hasta borrar desde siempre cualquier espacio libre en Alberdi.

Es bueno recordar esos primeros días de noviembre de 2010 cuando el fútbol de Córdoba se parecía tanto al que lo había gobernado en la cancha en los últimos 20 años de su existencia. Belgrano estaba último, había perdido 3 a 2 ante Tiro Federal y nada parecía iluminar su oscuro camino.

Acertó Armando Pérez con Zielinski, en esa azarosa tarea de buscar idóneos para pensar un poco más en ganar y en repeler imprevistos. A tal punto el técnico se orientó en aquel laberinto de números adversos y malhumores repetidos, que entre esquemas conservadores y firuletes tácticos alumbró un ser distinto, con la dureza del granito hasta para voltear gigantes. Algunos ejemplos así lo avalan.

No es equivocado decir que este Belgrano es una de las formaciones más compactas y con más personalidad que ha tenido el fútbol de nuestra provincia. Ha ganado en cualquier parte y no le ha temblado el pulso al orejear al rival más pintado.

En medio recibió muchos elogios, bien merecidos, y las inevitables y necesarias críticas porque la misma dinámica del fútbol, factor de cambio, improvisación y eventualidades, las autorizan.

Aquellos apuntes sobre su ambición mesurada, sus cuidados extremos y su actitud cautelosa, recibidos y aceptados entre rezongos pero contestados con mesura, seguramente tendrán más vía libre a partir del gol de Silvera y el comienzo de una nueva etapa.

Se entiende: era la inevitable colisión entre el paso austero y con pocos matices que Zielinski propugnaba para conseguir esos benditos 50 puntos y la necesidad del hincha o del espectador imparcial por ver algo más de acción en el área adversaria.

Se explica también en la misma historia reciente de nuestro fútbol, que obliga a frenar desmesuras y a no pensar en grande, luego de sufrir tantas penas y desilusiones.

A partir de ahora podría ser distinto. Si asciende Instituto, Belgrano tendrá competencia local, que potenciaría aún más los mismos planes de Pérez, ya diseñados para pensar en cosas mayores. ¿Habrá más emociones? ¿Habrá más trabajo para los arqueros rivales? ¿En el futuro sonarán otros acentos continentales entre el voceo de choripanes?

Algo debe darse por seguro: nadie podrá quitar de la memoria de su hinchada aquellos triunfos ajustados mientras el equipo buscaba su consolidación.

El entusiasmo que aumentaba y la llegada de la promoción; y el rival que era River y el escepticismo. Y el penal atajado por Olave y el gol de Farré, y lo increíble que terminó siendo posible. El empate con Boca en la Bombonera y las victorias ante Independiente y Racing.

Y también ante San Lorenzo o Newell’s Old Boys. Y esta última, ante Vélez Sársfield, el último grande que faltaba. Los gratos recuerdos se acumulan y, como les gusta decir a los futbolistas, quedarán en la historia. Pero pronto serán parte del pasado. Otros tiempos llegarán y los desafíos serán aún más grandes. Todo por ese gol del “Cuqui” que cambió la página en Belgrano.