Un paseo breve a la distancia
Barrios, Jorge Rodrigo, “la Hiena”, es noticia porque la Secretaría de Deportes de Catamarca lo “bajó” de un festival (por “piantavotos”) donde iba a concretar su regreso al ring. Antes, le había ocurrido lo mismo en Santa Cruz, Jujuy y Salta. Sergio Gabriel Martínez también es noticia porque el Concejo Mundial de Boxeo (CMB) lo consideró digno y viable para entregarle al deteriorado Muhammad Alí su cinturón y corona como verdadero “rey del boxeo”. Otra novedad, gratamente familiar, es el retorno de lo que fue Redes Cordobesas (ahora Polideportivo General Paz) como escenario central de la velada pugilística a realizarse esta noche en la ciudad. A contrapelo, Golpe Corto detiene la mirada en la nostalgia.
Remembranzas. La máxima figura de la década del ‘40, con reiteradas presentaciones en el Luna Park, donde lo aclamaban a pesar de no tener una pegada poderosa, era el santafesino Amelio Piceda. “Kid Noli” era el sobrenombre de quien osó quedarse con el preciado invicto del “Zurdo” Eduardo Lausse, hace 65 años. Ocurrió el 6 de diciembre de 1947, y Piceda (con 30 años) decidió su adiós. Pero, ya saben. Los boxeadores siempre ensayan una despedida falsa, porque suelen volver inmersos en sus miserias económicas o físicas. Cuatro años más tarde completó un par de peleas sin trascendencia, que ganó por puntos, y se retiró de manera definitiva. “Kid Noli” era un pugilista extraño. No tenía un punch destructor (48-4-13/3 KO) pero lucía un gran despliegue temperamental que iba al ataque como un estilista.
Ida y vuelta. Lo que detiene a Piceda (1917-1985) en la memoria cordobesa es la acendrada rivalidad que mantuvo con Domingo Archino y “la Vieja” Guillermo López. Con aquel firmó un empate, una derrota y dos victorias, en ese orden. Con el segundo cerró tres empates y cuatro triunfos, en el primero de estos se quedó con el título argentino welter dejado vacante por Jaime Averboch. De las 11 peleas apuntadas, sólo una (con López) tuvo lugar en Córdoba Sport Club, con la “puesta nomás, caballeros” que el anunciador proclamó la paridad final, flasheado por los destellos de un tranvía que pasaba.

