Todo pasa, menos el caos
A nadie le hubiera gustado estar ayer en la piel de los jugadores de Vélez o de Unión de Santa Fe, que cerca de las 16 ya habían cumplido con la obligación de ganar sus compromisos ante Huracán en Parque Patricios y frente a la CAI en Comodoro Rivadavia, pero no sabían si podían dar la vuelta olímpica, en el primer caso, o festejar su ascenso a Primera División, en el segundo.
El fútbol de Argentina está hecho a la medida del "todo pasa" de Julio Grondona, pero si hay algo que no pasa nunca es la desorganización de sus campeonatos.
El partido más importante de ayer se jugó sin público visitante y la gente de Vélez, que quería alentar a su equipo el día que al final se consagró campeón, pagó por los desmanes que hicieron los violentos del Globo y Estudiantes en la 15ª fecha. Además, Lanús, el otro candidato, empezó a las 18.
Pero no fueron los únicos desajustes. Belgrano jugó el jueves, San Martín (SJ) terminó anoche, por la reválida de la B Nacional tampoco jugaron los implicados a la misma hora (entre ellos Almirante Brown, el rival celeste). Un caos organizativo que se repite cíclicamente en una de las cinco principales ligas del mundo.

