Terceras partes, ¿serán buenas?
El miércoles de la semana pasada, en la antesala del partido despedida del campeonato, Daniel Angelici y Julio César Falcioni se dieron un abrazo delante de las cámaras, en la puerta de un restaurante de Puerto Madero. “Comimos bárbaro”, coincidieron, y no dijeron más. Otro de los invitados a la última cena sopló, al paso, que el acuerdo por la continuidad del técnico estaba sellada “en un 90 por ciento”.
Una semana después, Angelici entraba a una oficina del barrio de Belgrano, la de Mauro Bianchi, el hijo del DT más ganador de la historia xeneize. El dirigente repitió la rutina en los dos días posteriores, y ayer, otra vez delante de las cámaras, se reconoció “contento y optimista” por el inminente tercer desembarco del “Virrey” en la Boca.
“Lo que pasó el sábado nos hizo reflexionar”, afirmó Angelici sobre el repudio que condenó a Falcioni y el clamor que ungió a Bianchi (nueve títulos en dos etapas diferentes y un fallido paso como mánager en 2010). “Como directivos del club no podemos gobernar sin escuchar a los socios”, subrayó a la hora de justificar el súbito cambio de parecer.
Y admitió la influencia de Juan Román Riquelme y sus explosivas declaraciones en “cadena nacional”.
Una movida similar se había generado en River Plate apenas algunos días atrás. “Si no me corría, Ramón (Díaz) se me sentaba al lado”, declaró Matías Almeyda, despedido entre gallos y medianoche por Daniel Passarella, quien embarcado en la utopía reeleccionista no dudó en hacer las paces con el riojano, el entrenador de los siete campeonatos en dos gestiones anteriores.
La búsqueda de recetas probadas se ha convertido en un lugar común en los “grandes” caídos en desgracia. Américo Gallego es el otro botón de muestra. Independiente fue a buscarlo una y otra vez, y él se hizo rogar. Al final aflojó y agarró viaje, y en su primer discurso habló de repetir aquel Apertura 2002. Nadie le avisó que se había acabado la abundancia en el club de Avellaneda, que volvería y sería milésimas, y le está costando contar monedas.
“Sería lindo que Bianchi sea el DT de Boca”, dice ahora Falcioni. Y Angelici le abre una puertita a Riquelme. Rueda muy rápido la pelota.

