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Talleres-Instituto: en verano, con otra cara

Como en los viejos torneos Neder Nicola, vuelven los torneos amistosos entre equipos cordobeses. Mirá el análisis de Enrique Vivanco en la previa del clásico.

15 de enero de 2013 a las 11:30 a. m.
Talleres-Instituto: en verano, con otra cara
Kudelka, Barrera y Escribano, juntos en la previa del clásico (Foto: Javier Cortez).

Esta Copa que empezarán a jugar hoy Talleres e Instituto, y a la que se agregará Belgrano, recuerda a los torneos Neder Nicola de aquellos tantos años, organizados por los periodistas cordobeses, de noches calurosas de verano en cualquiera de los estadios de la ciudad que tuviera el espacio y la generosidad para meter a cuatro hinchadas con ganas de ver dos partidos y por un mismo precio.

Era la época en la que, por ejemplo, en la cancha de Belgrano pasaban las hinchadas adversarias por abajo de donde estaban los Piratas y la cuenta decía que a lo sumo podía haber un duelo de insultos y muchísimas cargadas, y lo mismo ocurría en tantos otros escenarios.

Era una época en la que había líos, sí; había unas cuantas botellas en el aire y algunas ‘trompeaduras’ masivas que rompían con una tradición que no contemplaba a la violencia como algo organizado y sistemático. Tan pensado.

Hoy la cosa es distinta: los “hinchas” (los profesionales) pasan por las sedes los días previos a los encuentros para recibir “ayudas” por la lealtad y por mantener tranquila a la tropa. No vaya a ser cosa que la fidelidad se rompa por falta de pago. De verdad.

Pero Córdoba, sin ser un oasis, hace un buen rato que ha bajado los decibeles de la discusión y ha relajado el entrecejo. Todo parece estar controlado, y en ese marco saldrán hoy a la cancha Instituto y Talleres, en un estadio impensado para aquellos clásicos de choripán a un costado de la tribuna y de gaseosas enfriadas detrás del alambrado a pura barra de hielo.

Lo efímero del fútbol deja el descanso en el olvido y obliga a que el músculo trabajado en triple turno empiece a producir lo que más quieren los hinchas por estos días y por sobre todas las cosas: ganar.

Sirve ganar más que jugar bien para que Talleres vuelva a un lugar en el que respire y se desenvuelva un poco más cómodo y para que Instituto reavive la ilusión de ascender, algo que a finales del año pasado se había ido apagando.

¿Serán Aníbal Medina y Nelson Benítez verdaderos refuerzos? ¿Le darán a la defensa un poco más de seguridad, algo vital para un equipo que se estaba acostumbrando a remontar desventajas? ¿Le dará Arnaldo Sialle más consistencia a una formación que como en la temporada anterior era permeable atrás y contundente arriba?

¿Habrán asimilado los futbolistas más jóvenes las experiencias anteriores para enfrentar con decisión y ganas de triunfar el tramo más difícil y traumático del campeonato? Las 25.000 personas que llevó Talleres de promedio en cada encuentro y las muchísimas más que irán a la cancha cuando el desenlace se aproxime lo están esperando.

Por el lado de Instituto, las preguntas casi son las mismas: ¿podrán los refuerzos Martín Zbrun y Franco Canever darle solidez al sector más vulnerable de los albirrojos? ¿Instituto mejorará con el entrenador Frank Kudelka en definir una estructura que repita jugadores todos los fines de semana por su buena producción y sus puntos acumulados en la tabla?

¿Aparecerán Santiago Biglieri, Martín Aguirre y otros jugadores de escaso aporte en el tramo inicial de la campaña, muy lejos de la potencialidad que sus nombres insinuaban?

Como siempre sucede en esta época, los interrogantes en las tribunas se repiten tanto como las contracturas en la cancha. Habrá que tener paciencia. Poco de bueno ha surgido de un partido de pretemporada. Los ascensos tienen prioridad. Lo otro puede esperar.