Talleres debe reforzar lo que más sabe
Talleres tiene cinco minutos de inspiración y todo parece seguir su compás en el Estadio Mario Kempes. Carabajal hace de wing en la punta derecha e intenta un firulete; a Barrionuevo parece alargársele la pierna derecha con la que acompaña la pelota en el envío de un centro preciso; Sánchez Sotelo entremezcla una vitalidad exuberante y unas ganas de ganar tremendas en cada jugada de peligro que genera.¿Más? Klusener no participa tanto en el juego pero interpreta casi siempre la canción del gol; Agustín Díaz busca socios en cada sector del campo y Brítez Ojeda, de buena técnica, se desdobla en la tarea de generar juego y en la de perder siempre en la tarea de obstaculizar el trabajo de los adversarios.
Cuando esos seis hombres entran en sintonía, el bombo y el redoblante en la popular Willington aceleran el ritmo y parecen prepararse para lo mejor. En ese trance, Talleres levanta a la gente de su asiento y muestra sus buenos modos con un fútbol de alto vuelo. Toque al pie, alguna gambeta, un cambio de frente, un pase gol y el gol. Ese es la oferta albiazul que aplaude su público.
Tras esa exposición no extraña ver el lado oscuro del equipo en el que reina el desconcierto. Los jugadores ya no tienen la pelota; sin su única arma, lucen desguarnecidos, con impotentes; Talleres no sabe defender. Salvo Vera, casi siempre infranqueable, y sus compañeros de zaga por su función específica, el resto de la formación no ejerce ninguna presión sobre sus rivales, no marca; sólo acompaña la iniciativa de quien tiene enfrente.
Así, los de barrio Jardín empiezan a tornarse difusos, hasta casi la desaparición completa. Y llegan los sustos para Santillo. Y por supuesto, los lamentos. Ocurrió el domingo pasado, ante el entonado Independiente Rivadavia de Mendoza.
Los claroscuros de Talleres tienen mucho que ver con las características de sus jugadores. De buen manejo, con inclinación hacia la creación y con desprecio hacia la obstrucción, éstos miran con interés el arco rival y desdeñan el cuidado del propio. Gastan muchas más energías en hacer un gol que en invertir en el esfuerzo para no padecerlo.
Así transcurren no sólo los partidos, sino los dos tiempos en los que está dividido. Y no sólo eso, sus dos caras aparecen y desaparecen en breve lapsos, en los que su gente muda de sensaciones con igual asiduidad. Hay sonrisas cuando la maquinaria ofensiva se pone en marcha y empieza a transmitir energía; las comisuras de los labios cotizan en baja cuando esa energía se pierde y el equipo se desactiva.
Esas producciones tan irregulares podrían intentar solucionarse con un mayor rigor táctico, con un mejor ejercicio de la disciplina. Propuestas tan actuales que no necesitarían de mucha explicación y que no demandarían mucha atención para llevarlas a cabo. ¿Eso funcionaría en Talleres? ¿Se le podría ordenar una mayor colaboración defensiva a Carabajal o a Barrionuevo, o a cualquiera de sus compañeros?Todo puede resultar bueno ante una orden bien dirigida y mejor ejecutada. Sin embargo, el espíritu creador del medio campo hacia arriba debería reforzar aún más sus potencialidades.
Una mayor continuidad en el ejercicio de sus atributos acentuarían el protagonismo del conjunto y aliviarían un poco a Pablo Santillo. Así, el “que Dios te ayude” no sonaría tanto en defensa y dejaría ver a un equipo más equilibrado y mucho más identificado con su esencia.

