Sportivo Belgrano-Talleres: la necesidad tiene cara de bronca
Mirá la columna de Enrique Vivanco tras el polémico triunfo de la "T" de visitante en el Kempes.
Tarde nubosa y fresca en el Mario Kempes. Unas 2.500-3.000 personas alientan a Sportivo Belgrano de San Francisco en la cabecera sur del estadio y en parte de la platea Ardiles.
Enfrente están instalados 11.000 hinchas de Talleres que saltan a la vez en la popular Willington, acompañados por cerca de 17 mil que hacen lo mismo a sus costados desde las plateas. Se juega un partido por el torneo undecagonal del Torneo Argentino A y hasta que el árbitro Juan Bruno inició el encuentro, ambos clubes cordobeses tenían tres puntos en la tabla de posiciones.
Es sabido que Sportivo no tiene que envidiarle galardones a Talleres en la tercera categoría del fútbol argentino. Por el contrario, sus rendimientos han sido mejores que el de los albiazules en las últimas temporadas. Y, en este torneo, hasta ahora ha conseguido el mismo objetivo aunque con menos cantidad de puntos en el final de la primera fase.A la hora de comparar la situación entre ellos, hay varios parámetros equivalentes. Ambos tienen planteles muy parejos. Cuentan con jugadores desequilibrantes. Y su ánimo de progresar es evidente. Inclusive los gobiernos de ambas ciudades acompañan de buen modo y miran con buenos ojos la evolución de cada club.
Pero todo empieza a distorsionarse cuando se impone una asimetría demasiado importante en el mundo del fútbol. En el estadio había más de 10 hinchas de Talleres por cada simpatizante de Sportivo Belgrano. Esa abismal diferencia era la que había llevado a los dirigentes verdes a deformar aún más la lógica y la equidad deportiva, al renunciar a su localía por un beneficio económico. Motivo: dejar el club en cero. Sin deudas. Y con algún margen de dinero como para afrontar futuros compromisos.
Eso mismo ya lo había expresado la directiva de Racing de Nueva Italia en otras tantas ocasiones. Y también la de Alumni de Villa María.
Engordar los presupuestos para armar y abonar sus planteles fueron sus propósitos. Lo hicieron los cordobeses y lo podría haber hecho cualquier club del país en las mismas condiciones que ellos.
A eso obliga la desmesura que impulsa cada temporada a Talleres como un tsunami en el Torneo Argentino A. Masividad y fidelidad. Valores que lejos de agotarse en la caída de categorías, aumenta cada día más y promueve estas decisiones arriesgadas de dirigencias que desean el éxito deportivo y además tener la casa en orden.
Pero esa distorsión se agrava cuando aparece la duda. Dejar la casa propia para ir a una neutral, pero en la jurisdicción del rival, es ceder más que la localía. Y con razón o no por historias pasadas, de fallos equivocados que provocaron derrotas e impotencia, de regresos al este provincial llenos de lamentos, el público y los jugadores de Sportivo Belgrano expresaron desde muy temprano su disconformismo por la actuación del árbitro que dirigió el domingo en el Kempes.
En rigor, las sospechas parecen aumentar en la medida que avanza la definición de un campeonato. Y esta vez no fue la excepción. Los jugadores de Sportivo se sintieron “bombeados” por un juez que no fue la excepción entre los árbitros que dirigen en la tercera categoría, que consideró penal el cruce y toque de García a Carabajal (fallo que generó polémica) y que muchas otras veces pareció darles la razón a los reclamos de los jugadores “locales”.
Son los avatares que siempre surgen cuando juega Talleres. Es el precio que debe pagar por estar mucho tiempo en el lugar indebido. Es la tremenda ola que provoca en un mar que sin su existencia viviría en la calma chicha. Es la bronca que genera y es la necesidad que lo hace imprescindible. ¿Ascenderá Talleres? Si eso ocurre, seguramente se lo extrañará.

