Si hay Messi, hay esperanza
A la selección argentina la vienen minando desde hace un buen tiempo. La degradación, favorecida por una confusión generalizada que comienza con los directivos y baja como cascada hasta los futbolistas, se inició con la salida de José Pekerman y su gente, y se profundizó desde la elección nunca fundamentada de Maradona para suplantar al renunciante Basile, su sucesión menos explicada aún por un Batista que arrancó con crédito cero y su reemplazo espasmódico obligado por su cantado fracaso en la Copa América.
La bola le cayó a Alejandro Sabella y tampoco él se salvó de las turbulencias. El flamante técnico tenía ayer un examen de esos que si no se aprueban dejan heridas profundas. En las eliminatorias, era el cuarto compromiso de su equipo, que venía de una goleada sobre Chile sin jugar bien, una caída histórica con Venezuela y un empate decepcionante de local ante Bolivia.
El seleccionado viajó a Colombia inmerso en la incertidumbre propia de estos tiempos, con un DT que daba señales poco alentadoras y que siguió en ese camino hasta el entretiempo del partido de ayer en Barranquilla. Ahí dio un golpe de timón.
Quizá más por necesidad que por convicción, con el ingreso de Agüero logró que su equipo tuviera el protagonismo que se le exige a una selección argentina. Además, la movida de Sabella tuvo aliados dentro de la cancha, porque varios jugadores levantaron su nivel, aunque hubo uno que tuvo el rol desequilibrante que se espera de él: Lionel Messi, quien marcó el empate y armó el 2-1 que definió “el Kun”.
Muchos que aún lo cuestionan deberán convencerse de que mientras hay Messi hay esperanza. La justa para, entre tantos vaivenes, encontrar la calma suficiente en el camino a Brasil 2014. Aunque aún se trate de una Argentina muy limitada.

