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Sentirse importante en cualquier parte

Belgrano empató ante Boca y demostró una vez que se hace fuerte en cualquier cancha. Mirá el análisis de Enrique Vivanco.

23 de abril de 2013 a las 09:39 a. m.
Sentirse importante en cualquier parte
Belgrano se hace fuerte en cualquier cancha (Foto: DyN).

Desde aquellos viejos campeonatos nacionales a poco de comenzar los '70, el valor de un empate o de una victoria en la Bombonera adquiría un valor inu-sitado por la mezcla de capacidad y de épica que debían exponer los equipos cordobeses para conseguirlos. Cuarenta años atrás y mucho más acá en el tiempo, un punto en semejante escenario tenía el brillo de una hazaña. El domingo, ante el equipo de Carlos Bianchi y de Juan Román Riquelme, la realidad del 0 a 0 obvió aquella tendencia y pareció darle la verdadera estatura a lo que es hoy Belgrano.

Luego de varias incursiones a los grandes estadios de Argentina, el equipo celeste ha dejado de lado aquella postura de elevado respeto y de indisimulada subordinación. Quizá aquel 26 de junio de 2011, ante River Plate en el Monumental, y de manera impensada, Belgrano tomó conciencia del poder de sus fuerzas, del valor de su hazaña y de que a partir de ahí, todo era posible.

Sus triunfos de visitante ante Independiente, San Lorenzo, Racing, Estudiantes y otra vez ante River reforzaron aquel milagroso instante en Núñez y empezaron a darle un aura de equipo especial, que afortunadamente aún conserva.

Eso explica por qué el resultado del domingo pasado en la Bombonera, sin ser anecdótico, tampoco fue lo más trascendente. ¿Pudo ganar? Sí. ¿Pudo perder? Sí. Todo eso pudo haber sucedido en la atribulada Bombonera. Pero lo que más debe prevalecer es la forma en que los celestes se pararon en la cancha y el respeto que por eso mismo han ganado desde el comentario periodístico y hasta la simple charla en la calle.

Ya no se le descubre nada a Belgrano y en esa previsibilidad, paradójicamente, está su fuerte. La estructura que ha armado el entrenador Ricardo Zielinski tiene en su medio campo tal vez la mejor armonía de movimientos tácticos que hay en plaza.

Su última línea pocas veces quedará al descubierto por el orden y el sacrificio con que Martín Zapata, Esteban “Teté” González, Guillermo Farré y Jorge Velázquez vuelven a sus puestos en actitud defensiva.

Con Riquelme y sin él, tras su lesión, Belgrano no modificó su gesto y redobló la apuesta al sostenerse en una defensa expeditiva y madura e intentó incursionar con una buena cantidad de hombres, aunque sin el grado de lucidez necesaria para ganar el partido. Sólo en el último tramo su estructura tuvo algunas grietas por donde el indefinido Boca Junios pudo poner en zozobra a Juan Carlos Olave.

Esos avatares, propios de cada partido, serán inevitables cada vez que Belgrano salga a la cancha. Forman parte de un juego que en estos últimos partidos ha encontrado a los celestes más amigos de la pelota, más proclives a la generación de jugadas y más atractivos para el espectáculo.

Ese evidente progreso no es más que la consolidación de un proceso defendido hasta la terquedad, que parece tener un final anunciado. La Copa Sudamericana está al alcance de la mano. Ese logro se suma al que motiva este comentario: Belgrano está rearmando la respetable figura que el fútbol cordobés tuvo en algunos equipos y en determinadas épocas. Por eso puede ganar o sentirse importante en cualquier parte.