River y Boca, con sus problemas
Primeros minutos del domingo cordobés. En las tribunas, los hinchas millonarios saltan y bailan, mientras los de Boca inician su rápida salida del Kempes. Los jugadores y el cuerpo técnico de River se abrazan sin cesar a un costado del campo de juego, casi como si hubieran ganado un campeonato. Hay que verles de cerca los gestos a Ramón Díaz y sus muchachos para darse cuenta del valor que le dan al triunfo.
Del otro lado, Carlos Bianchi, con gestos de preocupación, clava la vista en cada uno de sus jugadores, en especial en el capitán y arquero Agustín Orión, que encabeza la retirada. Nadie habla ni se mira y “el Virrey” les regala una palmada a Ribair Rodríguez y a Erbes.
River llegará algo más tranquilo a su debut en el Torneo Final, porque su rendimiento de verano fue más auspicioso que el de Boca, que además perdió dos de los tres clásicos. Pero en realidad, los dos equipos más poderosos del país tienen sus motivos para preocuparse.
Y el primer síntoma que debe llamar la atención es que a sus grandes atracciones, a sus grandes protagonistas, los tienen en el banco en lugar de contarlos en el rectángulo de juego. Ramón Díaz y Carlos Bianchi son hoy por hoy las figuras de River y Boca y eso es todo un problema.
Los dos conjuntos están en construcción porque “el Pelado” asumió un partido antes del final del Torneo Inicial y “el Virrey” lo hizo antes de comenzar esta pretemporada.
En ese contexto, el DT riverplatense la tiene más difícil porque debe devolverles la autoestima a muchos jugadores que la habían perdido en diferentes momentos del ciclo Almeyda. Pero tampoco es fácil para el técnico xeneize, quien debe darle identidad a un grupo al cual él recién está conociendo.
El magnetismo de estos entrenadores es innegable. Ahora, su desafío es transmitirles ese halo a sus jugadores, porque los clubes más grandes del país deben tener a sus cartas más desequilibrantes jugando a la pelota, más allá de la trascendencia que significa contar con dos técnicos de primera línea.

