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Riquelme, tómelo o déjelo

01 de marzo de 2011 a las 10:01 a. m.
Riquelme, tómelo o déjelo

Boca Juniors empató con All Boys 0 a 0 el sábado pasado. Los Xeneizes jugaron sin Juan Román Riquelme, o lo que es lo mismo, no pudieron estar conducidos por quien muchas veces se ha erigido como su jugador más lúcido. La causa es ya sabida: Julio César Falcioni, amparado en una victoria anterior sin el "10", presentó el mismo equipo que consiguió los tres puntos.También se sabe lo que sucedió antes, durante y después de la magra igualdad ante el equipo de Floresta: Riquelme descargó bronca por su marginación ante el periodismo, lo mandó decididamente al frente a Falcioni al que nunca nombró; y luego sobrevino la explicación de éste por la decisión tomada y la respuesta del hincha que meció la cuna para que el ídolo no se alterara y pudiera dormir tranquilo.

Casi está demás decir que Riquelme es un gran jugador, que ha hecho cosas maravillosas en un campo de juego, que por eso mismo largamente ha traspasado la frontera de lo ordinario, que ha ganado muchos títulos y reconocimientos, y que por muchas otras cuestiones futbolísticas es apreciado no sólo por los hinchas de Boca sino por casi todos los demás.

Bien vale aclarar que, sin dudar de su excelencia, su estirpe parece no entrar en la senda mucho más inmaculada de otros grandes del fútbol mundial, que sí han salido indemnes de desafíos trascendentes. Su estilo no fue compatible al pregón utilitario de Louis Van Gaal y por eso se fue del Barcelona; su personalidad no tenía afinidad con la de Manuel Pellegrini y eso lo marginó del Villarreal. Unas nocturnas declaraciones (y tal vez desafortunadas, por el ámbito en el que las dijo) de Diego Maradona en televisión sobre lo que pretendía de Riquelme en la selección le valió su propio portazo.

Todos estos lugares (Barcelona, Villarreal, Ezeiza, el predio de la selección nacional) arroparon su juego con expectativa e ilusión y luego fueron para él terrenos hostiles que aceleraron su partida.

Y por eso Boca Juniors es su casa. Nadie le cuestiona la plata que gana, nadie duda de su juego, nadie lo hostiga por lo que dice (o sí, Mauricio Macri, quien pidió que en el conflicto con Falcioni se respetaran las jerarquías), nadie lo maltrata diciéndole lo que él directamente no quiere hacer.

El fútbol, loco ámbito de contradicciones, lugar que alberga comportamientos casi disociados de los de la vida cotidiana, también ha tenido desde él una rareza en forma de agradecimiento por tanto cobijo y acompañamiento. No hace mucho renunció a sus haberes (varios cientos de miles de dólares) por no haber entrado a jugar a una cancha.

Desde ese pedestal conduce a Boca aun sin pisar el césped.

Desde ese lugar, subvierte escalafones, torna maleable la imagen de Tótem y las decisiones duras de Falcioni (ayer mismo dijo que lo tendría en cuenta ante Vélez Sársfield) y ha movilizado su no secreta red de aduladores, entre los cuales aparecen algunos de sus mismos compañeros de plantel, para saberse ganador y demostrar que una vez más, los otros se han equivocado.En el medio, los dirigentes cuidan el discurso y los hinchas preparan su mejor canción de cuna para evitar otro clamoroso llanto de su mimado. Así es Juan Román Riquelme. Grande en la cancha, complicado fuera de ella. Tómelo o déjelo.