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¿Qué pasa con el tenis femenino en Argentina?

Mientras la Legión mantuvo obnubilado al deporte argentino, el tenis femenino fue retrocediendo décadas en su desarrollo.

10 de julio de 2013 a las 09:51 a. m.
¿Qué pasa con el tenis femenino en Argentina?
Paula Ormaechea, la número uno del país, está 81ª en la lista mundial (Foto: AP).

Las cifras son contundentes: en las últimas tres ediciones, no hubo una argentina en el cuadro principal de Wimbledon. La última participación hay que buscarla en la llave de 2010, cuando Gisela Dulko apenas jugó primera ronda e hizo las valijas.Más datos: salvo en el Open de Australia 2012, no hubo más de una argentina en los cuadros de los Grand Slam en los últimos cuatro años. La cruel actualidad del tenis femenino argentino contrasta con aquella presencia de Gabriela Sabatini en las instancias decisivas, o lo que lograron sus sucesoras, Inés Gorrochategui, Florencia Labat o Paola Suárez entre otras.

Si se observa el ranking actual, Paula Ormaechea, la número uno del país, está 81ª en la lista mundial; y sus inmediatas seguidoras son María Irigoyen (208ª) y Florencia Molinero (260ª). Sólo que estas dos últimas ya tienen 26 y 25 años respectivamente y puede suponerse por su edad que han dado lo mejor. En total sólo hay 20 argentinas con ranking WTA.

A Córdoba también le toca: una provincia que ha dado jugadoras de la jerarquía de Ivana Madruga (ex 14ª del mundo), Gorrochategui (ex 19 del mundo), o Clarisa Fernández (semifinalista de Roland Garros 2002), tiene hoy a Francesca Rescaldani como su mejor valor, en el puesto 690.

Esto no es nuevo, claro, lleva años de indiferencia. Y como siempre la culpa no es de las jugadoras que hacen un gran esfuerzo individual. Esto deja en evidencia el fracaso del sistema de desarrollo que no ha logrado impedir que se rompa la cadena.

Muchos entrenadores culpan a las preferencias juveniles (el auge del hockey por ejemplo, es el más recurrente), pero lo cierto es que hoy, en las categorías promocionales, las chicas no superan las 300 jugadoras por categoría en todo el país, y es frecuente cancelar torneos por falta de inscriptas.

Antes de buscar en otros deportes la causa de la emigración, habría que hacer una seria autocrítica: replantearse el incentivo y la captación de jugadoras; los altos costos del sistema de competencia de menores; y la inconveniencia de hacer viajar solas a niñas de corta edad cuando los padres no pueden acompañarlas; la calidad de los entrenadores; y una estructura de torneos que faciliten el ascenso. Por ahora, Wimbledon está a años de distancia del tenis argentino femenino.