Problemas mundiales
A nadie escapa que la organización de los campeonatos mundiales constituye un negocio redondo para la Fifa, pero desde la Copa de Sudáfrica de 2010 se han convertido en un dolor de cabeza para las máximas autoridades del fútbol debido a la aparición de diversos contratiempos, al punto de llevar al titular del organismo, Joseph Blatter a pronunciar la célebre frase y quejosa expresión "es una lucha".
Si en su momento Blatter se puso muy nervioso con el displicente avance de obras para el Mundial sudafricano, ni hablar de su reciente paso por Brasil donde confirmó in situ que los brasileños hasta el momento han removido menos tierra que una tortuga de jardín. "Si no se apuran con las canchas le voy a dar el Mundial a un gobernador argentino de apellido Schiaretti", habría amenazado Blatter, frente a los atemorizados dirigentes del vecino país.
Sin embargo, las autoridades del fútbol brasileño tranquilizaron rápidamente a Blatter diciendo que los estadios se terminarán en tiempo y forma, y que el atraso responde a una lamentable confusión, por supuesto subsanable: simplemente creían que el Mundial se jugaba en 2016 y no en 2014. "Un empleado de nuestra confederación (que ya fue despedido), transcribió por error que el primer partido de nuestro Mundial se iba a jugar el 13 de junio de 2016 y a partir de ahí todos vivimos confundidos hasta ahora", explicó un alto dirigente brasileño.
"Si es así no hay problema", habría respondido un Blatter ya más distendido. No obstante, una insistente versión menciona que la lentitud constructiva brasileña responde a que los dirigentes de más edad del país, todavía no se recuperaron de la experiencia traumática del Maracanazo, brutal desenlace del Mundial del '50 cuando Uruguay derrotó a Brasil en la final.
"Los dirigentes de más de 110 años todavía están afectados por aquel partido y consideran que el país no debe organizar otro Mundial hasta que en Uruguay deje de practicarse el fútbol. Ellos son los que tiran para atrás porque aseguran que los uruguayos se agrandan en las copas que organiza Brasil", asegura una fuente de la Confederación Brasileña de Fútbol.
Pero los problemas de Blatter no se limitan a la falta de velocidad constructiva en el vecino país sino también en una impensado problema generado en el futuro Mundial de Qatar 2022: la falta de nubes en el país. El contratiempo es más grave de lo que se pensaba ya que se calcula que con la evolución actual de calentamiento global, los partidos en el emirato se jugarán bajo temperaturas de hasta 72 grados centígrados.
"¡Cómo que en Qatar no hay nubes!", vociferó Blatter en su despacho al leer los resultados de un informe titulado "La nubosidad en el Golfo Pérsico, 100 años de nada", en el cual se menciona que algunos qataríes de edad avanzada aseguran haber visto un cumulus nimbus con forma de pony en el año '55, pero que el avistamiento nunca fue confirmado oficialmente.
"¡Por qué no me avisaron antes!", se lamentó el presidente de la Fifa al advertir que el Mundial 2022 va a ser el primero en jugarse sin nubes, lo que rompería una arraigada tradición que remonta a 1930. Como una medida desesperada para mantener en pie esta costumbre y bajar unos grados la temperatura en las canchas, un ingeniero qatarí diseñó gigantescas nubes artificiales autopropulsadas, dirigidas por control remoto y elaboradas con fibra de carbono ultraliviano. Se trataría en realidad de enormes dirigibles chatos rellenos de helio destinados a deambular por sobre las canchas del Mundial del 22. La idea aterrorizó a Blatter quien impresionado por las imágenes de la tragedia del Hindemburg del año '37, no quiere saber nada con ningún dirigible con forma de nube sobrevolando torneos organizados por la Fifa. Pensar que para el Mundial del '30, los uruguayos se las arreglaron con el Centenario y un par estadios de emergencia, y a Jules Rimet no se le movió ni un pelo.

