Peligrosa bipolaridad en Los Pumas
¿Cuál es la verdadera imagen de Los Pumas? ¿La que mostraron ayer con una actuación convincente que puso en jaque a los Springboks o la que habían tenido siete días antes en Soweto, cuando la misma formación sudafricana los demolió 73 a 13?
Es un desafío tremendo este que está afrontando el seleccionado argentino, que recién transita su segunda temporada en el exigente Rugby Championship, un torneo en el cual se hizo lugar a codazo limpio, a fuerza de buenos resultados, y en el que mide fortalezas y debilidades con las tres máximas potencias mundiales del deporte de la ovalada.
Como en 2012, le tocó arrancar con Sudáfrica, luego en septiembre tendrá una siempre peligrosa excursión a Oceanía para visitar a Nueva Zelanda (7/9) y a Australia (14/9), y cerrará en casa con los míticos All Blacks (28/9, en La Plata) y los Wallabies (5/10, en Rosario).
Saben Los Pumas que desempeños como los de hace ocho días en Johannesburgo ponen en riesgo su prestigio, que es lo más importante, pero también su estabilidad en esta elite. También son conscientes de que sólo en la medida en que logren sostener en el tiempo y en los tests situaciones como la de ayer en Mendoza, encontrarán estímulos para seguir evolucionando.
A Argentina le cuesta una enormidad encontrar regularidad, y ya lo había demostrado el año pasado en varios partidos (por ejemplo, con Nueva Zelanda de local, y con Irlanda, en la ventana de noviembre), pero también es cierto que cuenta varios porotos a favor como los de ayer, resultado al margen.
Entonces, ese es el otro gran desafío que tienen por delante jugadores y cuerpo técnico: presentarse como un equipo sólido, equilibrado, que puede perder, pero jamás será fácil para nadie. Para eso, y como saben que cuentan las moneditas de a una, necesitarán afrontar cada partido como si fuera el último y convencerse de que en cada tackle, scrum, contacto o momento del juego exponen el presente y el futuro del rugby argentino en su totalidad.
Sin dos baluartes como Fernández Lobbe y Patricio Albacete, con dos cracks como Contepomi y Hernández que hacen magia para seguir aportando su ídem, con varios muchachos que ratificaron que son importantes pero deben conseguir más continuidad en sus actuaciones positivas (como Leguizamón o la primera línea) y con un una grata aparición como Matera, Los Pumas terminaron estas dos primeras fechas con una mueca de alivio.
Ni qué hablar sobre cómo se sentirá Santiago Phelan, un entrenador que no sabe (por decisión propia y ajena) si seguirá después de fin de año, pero para quien ayer las brisas cordilleranas deben haber sido una bocanada de aire fresco.
Él, el conductor, es el principal responsable de que Los Pumas dejen de mostrarse como un equipo bipolar, que coquetea con la hazaña y el ridículo. Un estado y un flanco demasiado peligrosos por donde se los analice y poco aptos para el nivel donde deben competir.

