Otro capítulo histórico... y van
En un fútbol que casi todas las semanas se tritura un técnico, poder renovarle el contrato a un conductor es un hecho inusual. Es que, devorados por los resultados, por la impaciencia de los directivos y los hinchas y muchas veces por la alta exposición mediática, el trabajo de entrenador en estas tierras se ha elevado a categorías impensadas algunos años atrás.Se vive, se respira y se piensa en función de ese hombre sentado en el banco de suplentes, muchas veces destinatario de los insultos más degradantes y rara vez depositario de elogios. Es sencillo: si un equipo pierde, la culpa es exclusiva del técnico (porque no armó bien el equipo, porque se equivocó en los cambios, porque bla bla bla); si sus dirigidos ganan, los méritos son de los jugadores (el enganche jugó bien, el goleador no se equivocó, el arquero no falló y bla bla bla).
Son, para usar un lugar muy común en el periodismo, los fusibles con los que se intenta echar un poco de luz en un panorama sombrío, o simplemente generar un golpe de efecto. Pocas veces respetado y muchas veces humillados, los entrenadores tienen destino de aves de paso.
Por eso, que días atrás la dirigencia de Belgrano le haya renovado el contrato (y la confianza) a Ricardo Zielinski hasta diciembre de 2013 habla de otro hecho histórico para la intimidad del club (oro más en el último año) y un mensaje de orden hacia afuera, donde el fútbol sigue devorando entrenadores.
“Tomamos un café y, en dos segundos, nos pusimos de acuerdo”, dijo Zielinski el día del anuncio. “Es una suerte poder darle continuidad a este proyecto”, agregó el presidente del club Armando Pérez. Así de simple, así de claro.

