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Oro a lo màgico

10 de enero de 2011 a las 11:46 p. m.
Oro a lo màgico

Se lo tenía que dar Josep Guardiola. El hombre que dirige el equipo que mejor ha jugado al fútbol en las últimas décadas se lo tenía que dar al mejor ejecutante desde Maradona hasta estos días.

Fue el cierre de una gala en la que hubo mucho del “Barsa”, pero no tanto de España. Ganó José Mourinho y dejó fuera al técnico campeón mundial, Vicente del Bosque, y al director de la mejor sinfónica, el mencionado Pep.

Mou fue premiado por su estrategia minuciosa, tacaña y meticulosa, de poner a Eto’o y a Sneijder como carrileros, pero de elevados dividendos al final de cada juego. Así el Inter volteó al Barcelona para ocupar su trono en Europa. Así también ganó casi todo lo que ganaron los catalanes 12 meses antes.

El “Barsa” y el Inter jugaron distinto con iguales éxitos. Sin embargo, para mucha gente la trascendente misión del fútbol la han cumplido Messi y sus compañeros.

¿Por qué? Porque Barcelona divierte, alegra y enriquece. Su juego colectivo ha provocado que muchos desilusionados, cansados de ver siempre lo mismo, intentaran ponerse de nuevo frente al televisor para satisfacer su gusto. Y lo han logrado. Y vaya cómo. El gran mérito del “Barsa” es volver a hacerle creer al público que 11 jugadores pueden tocar la pelota muchas veces sin que el partido pierda su atractivo y, sobre todo, sin ceder ni un centímetro su orientación hacia la victoria.

Barcelona, con su buen juego, en un país con reciente historia de mucha furia y escasa técnica, le ha dado aire al cuestionado discurso que respeta esa condición para salir de la cancha con una sonrisa y con los tres puntos en el bolsillo.

Y lo ha conseguido poniendo tres hombres de sus divisiones inferiores en el podio de la Fifa, batiendo récords de todos los colores en materia de goles, victorias y otros variados rubros. Messi, Xavi Hernández e Iniesta miden 1,70 metro de altura y son en el mundo, con sus físicos diminutos, la vanguardia futbolística que destierra la portentosidad de la estatura y de los músculos como elemento de desequilibrio.

Y el bienestar colectivo del “Barsa” se atomiza sin perder su jerarquía en cada uno de sus futbolistas. Y ni qué hablar de Messi.

El rosarino, en lo individual, tal como lo ha hecho Barcelona en lo colectivo, ha roto algunos límites y ha rejuvenecido otros con virtudes que algunas veces se le vieron a Maradona y con muchas otras de su propio cuño.

Excelsamente hábiles y por eso determinantes, los dos argentinos hacen historia por la maravillosa combinación de coordinación para llevar la pelota al pie sin perder velocidad, destreza y la capacidad innata para evitar todo lo que se les cruce.

Dicen que Maradona ha tenido más personalidad para enfrentar momentos tensos. Messi quizá responda con un nivel superlativo casi diario que ya parece rutina y que, en cambio, hace abrir más los ojos de sorpresa. Messi ha tenido la culpa de que nos estemos acostumbrando a lo fantástico.

Por lo demás, España, por jugadores, clubes y conquistas, es el ombligo del fútbol mundial. Ha gastado miles de millones de dólares para serlo. Y lo disfruta. Como lo disfrutamos todos. Gracias a la generosidad de este bonito juego.