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Messi...todavía es poco

No te pierdas la columna de Enrique Vivanco sobre el mejor jugador del mundo.

18 de diciembre de 2012 a las 09:45 a. m.
Messi...todavía es poco
El mismo festejo. Cada vez que Messi marca un gol, sale corriendo para festejar y luego agradece al compañero que lo asistió. Después se abraza con todos y, al momento de volver a la mitad de la cancha, levanta sus brazos y señala el cielo, recordando

Debería tardar la Tierra un poco más en orbitar alrededor del sol para que Lionel Messi llegue a los 100 goles en un año calendario. Tendría que frenar nuestro planeta su giro para que un fenómeno diera paso a otro fenómeno, si es que los 90 goles conquistados por "la Pulga" hasta ahora aún no asombraron. Sin contar sus periodos de vacaciones y de preparación para la alta competencia, Messi ha convertido en este 2012 un gol cada cuatro días. Y todavía parece que lo suyo es poco.

Luego del título mundial de España en Sudáfrica 2010, ese nuevo estatus de Xavi Hernández e Iniesta los ubicó en el mismo pedestal que Messi. La consideración de la prensa y el pueblo español para ubicarlos en la misma línea que Messi era esa: la bendita corona que al “10” se le ha negado.

Ese fue el momento en que estuvo más en discusión su liderazgo, junto a la que desde siempre se ha mantenido en comparación con el otro gran rechazado ecuménico: Cristiano Ronaldo.

Sin embargo, el estilo único de su juego, tan bello en los modos y en las formas, y tan desequilibrante en la red, actuó con una fuerza corrosiva que desdibujó casi por completo cualquier otro intento de contrastar virtudes. Ese breve chisperio, causado más por la prensa y los de afuera, no tuvo extensión en el vestuario catalán.

Por el contrario, quedó ratificada la curiosa y admirable simbiosis de Messi, Xavi, Iniesta, Fábregas, Piqué, Puyol, Busquets con una entidad que debió haberlos muy bien formados en el respeto, la tranquilidad y el compañerismo para tener semejantes muestras de reciprocidad.

Nadie se quiere ir del Barsa. ¿Que marcha primero a nueve puntos de Atlético de Madrid? Sí. ¿Que le lleva 13 a Real Madrid? Sí. ¿Que pasó cómodo a los octavos de final de la Liga de Campeones? También. Se puede suponer que el buen momento invita a quedarse e inhabilita cualquier acción que insinúe abandonar el barco.

Pero desde hace seis años que Barcelona viene arrasando con cuanta vitrina exponga algún objeto que brille. Y salvó un reciente entrevero verbal entre Messi y David Villa, el resultado de la convivencia no muestra humos ni gestos de inmodestia que inviten a pensar en un final de ciclo.

El carácter contemporáneo de Messi y el Barcelona, y la comparación que este tuvo en la selección argentina produce dos fuertes reacciones, entre tantas otras: una es la de la lógica admiración por un estilo precioso y ganador, cuidadoso de lo estético y solidario desde su origen. Su manera de entender la práctica de este deporte se ha diferenciado con el páramo de ideas y de ejecución que habitan otras partes del mundo.

Y la otra reacción es el evidente escepticismo que surge de la insuficiencia de Messi para proclamarse campeón mundial y lo que para muchos todavía es una evidente deuda que sólo su “presunta” genialidad puede hacer posible. Messi debe llevar a la selección argentina a su tercer título mundial, parece ser su obligación.

Ese es el problema de compartir momentos históricos con personas superdotadas. La coyuntura, los 90 goles que parecen poco; lo inmediato debe ser resuelto en nombre de un país y de las necesidades futbolísticas de sus habitantes. Mientras tanto, el ninguneo hace que la perspectiva pierda la percepción de lo más importante: así como en algún tiempo se hizo con Maradona para desnaturalizar la belleza de su juego, se corre el riesgo de no admirar a un futbolista que acostumbra regalar dos goles por partido, y que define una etapa histórica en una disciplina que ha sido generosa al regalar dos fenómenos en menos de dos décadas de diferencia. Y que encima son argentinos.