Messi y Verón, tan distintos como necesarios
En la final del Mundial de Clubes, estuvieron dos líderes futbolísticos de Argentina. Son sostenes de la ilusión mundialista.
El cruce entre Estudiantes y Barcelona en la final del Mundial de Clubes tuvo en cancha a dos de los líderes futbolísticos más emblemáticos que pueda tener hoy el fútbol argentino: Juan Sebastián Verón y Lionel Messi. Distintos, cada uno con sus virtudes y defectos, se ganaron los ojos del mundo en el partido decisivo que llevó al "Barsa" a ganar un nuevo título en la temporada, en otra conquista de un equipo inolvidable. Verón fue siempre la referencia cuando Estudiantes consiguió que el partido se jugara como más le convenía, en especial en el primer tiempo, en el cual dominó a su poderoso rival desde lo estratégico. Y cuando el Pincha platense se quedó sin piernas y sin fútbol, también hubo que observar a "la Brujita", porque las últimas reacciones anímicas y futbolísticas debían partir de su fortaleza mental o de su exquisita pegada. A final se lo vio molesto, enojado, disconforme, en una postura propia de aquel al que no le gusta perder a nada, características de las cuales también se debe nutrir un grupo ganador. Messi, inexistente en el primer tiempo, intermitente en el segundo, se acercó en algo a lo que insinúa en el suplementario, y apareció en toda su dimensión para definir de pecho, redondear un golazo y sellar una nueva vuelta olímpica para su club. Su felicidad era inocultable cuando la victoria fue un hecho y su sonrisa, sólo disimulada en un gesto de respeto cuando estuvo cerca de Verón, reflejó la satisfacción que tenía. Ahora, con el año concluido, serán Verón y Messi sostén de gran parte de las ilusiones que pueda construir Argentina de cara al Mundial 2010. En esta final en el lejano mundo árabe se pudo ratificar una presunción: Verón y Messi son tan distintos como necesarios. Yo los quiero en mi equipo, ¿quién no?

