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Messi es parte de nuestra propia historia

10 de enero de 2012 a las 11:03 a. m.
Messi es parte de nuestra propia historia

Lionel Messi será parte de nuestra propia historia. Marcará un tiempo en nuestras vidas. Será el de la niñez para quien arropa por primera vez una pelota y se encuentra de pronto con tan formidable expresión futbolística.

Será el de la juventud para el que ya vio jugar a Zinedine Zidane, a Enzo Francescoli o a algún otro gran jugador que le haya alegrado la existencia. Será una parte de la adultez para quienes ya vieron muchos más grandes jugadores, desde Mario Kempes a Diego Armando Maradona, de Michel Platini a Johan Cruyff. Y será un segmento de la ancianidad para los que pudieron disfrutar a todos, a partir de Distéfano, pasando por Pelé, Enrique Omar Sívori, Franz Beckenbauer y tantos más.

Se lo recordará a Messi como aquel petisito que sin querer imitaba lo que hacia en una canchita de baby fútbol en el mismísimo Nou Camp o en cualquier otro gran estadio del mundo.A aquel jugador que todos los sábados o domingos por la tarde nos convocaba como un imán a tres metros del televisor para admirar una manera de jugar que no tiene predecesores, que ha marcado un hito en la historia de esta disciplina y que de poco vale compararla.

¿Por qué ha ganado por tercera vez consecutiva el Balón de Oro? Porque lleva la pelota atada al pie a 100 kilómetros por hora; porque tiene el freno de un avión y quiebra su tobillo para enganchar la pelota como si fuera de trapo.

Porque hace goles pasando uno, dos, tres, cuatro rivales o los que se pongan adelante; porque mete unos pases fantásticos, porque hace goles de cabeza; porque rara vez hace quilombo; porque dice que ama Rosario y Argentina; porque dijo que no se iría nunca de Barcelona y que la única manera de irse es si los catalanes se cansan de él, algo que no desea que ocurra. Porque no se engancha en ninguna polémica, no es creído de sí mismo, no es soberbio. Porque en definitiva todo su ser, sus expresiones, sus modos y comportamientos los muestra en la cancha.

Hay quienes no adhieren a Messi. Le dicen que su performance en la selección argentina ha sido discreta, que no alcanza ni alcanzará la envergadura de Maradona, que no tiene personalidad para conducir un equipo y que en algunos tramos de los partidos desaparece.

Son ponencias basadas en lo que cada uno quiere que Messi haga. Son quizá objetivos propios de cada hincha que no ha visto satisfecho en el rosarino sus anhelos personales.

Tal vez no contemple lo que es capaz de hacer junto a Dani Alves, Xavi, Fábregas o Iniesta, una orquesta que suena (y no es comparación) como lo hizo 40 años atrás el Brasil de Pele, Tostao, Gerson, Jairzinho y Rivelinho. Dicen que hay diferentes formas de interpretar una obra de arte.Cada uno es dueño de calificarlo. Para eso están los estándares de juzgamiento a un pibe de 24 años que ya ganó tres Ligas de Campeones, un par de copas de mundiales de clubes, una ristra de ligas españolas y los Balones y Botines del metal que se le antoje. Ahí lo tiene. Póngale el número que quiera.

Messi ha ganado por tercera vez consecutiva el Balón de Oro que otorga la Fifa. Equipara los tres galardones al hilo de Michel Platini y se une a Marco Van Basten y a Johan Cruyff en el selecto grupo de quienes han ganado otras tantas veces el premio.A Lionel Messi le han puesto todos los calificativos posibles. Tiene sólo 24 años. Sólo queda decir que para los más pibes la imagen del "10" quedará pegada al sonido de un ringtone y que para los que tienen un poquito más de años será simplemente el que le ponía música a la calesita.