Messi, del aplauso a la emoción
Hay ciertos tips que nos identifican, aunque en buena parte del mundo sigan sin saber dónde queda la Argentina. La euforia y la decepción entre las que oscilamos, como en un tango, hicieron de la terapia una rutina y deben tener algo que ver con esa porfía de comparar (aunque no sea necesario y conlleve el riesgo de ser injustos); sobre todo si se pone a prueba el mito de que "todo tiempo pasado fue mejor".Si de fútbol se trata, hace rato que no somos los mejores, aunque podemos jactarnos, sin dudas, de tener al mejor. Messi lo es, como lo fue Diego durante buena parte de los '80.
Desde la estadística, “Leo” ya es único y amenaza con batir todas las marcas, desafiando al propio Pelé y su récord escrito en la arena del fútbol “playero”. Y, técnicamente, Messi y la pelota se llevan maravillosamente bien; pero Diego y la pelota... eran un solo cuerpo.
Son otros tiempos, claro, y es opinable. Sin embargo, hay algo que no se discute: los goles televisados de Messi, aunque vengan por docena y con certificado de exquisitez, todavía no nos emocionan.
Provocan el aplauso y endulzan el café de la tarde, pero no invitan a la ovación y el descorche. ¿Lloraremos por él algún día? Habrá que esperar, porque Messi parece destinado a sorprendernos siempre.

