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Más lejos del milagro

26 de abril de 2011 a las 09:30 a. m.
Más lejos del milagro

Nada de lo que se pensó está sucediendo. El escenario es otro. Talleres comprobó la contundencia de un equipo expeditivo, que no le perdonó nada y que lo dejó agonizante a la espera de un milagro. Guillermo Brown y Central Norte, los extremos del país, más una región intermedia, encarnada en Libertad de Sunchales, han abierto una brecha en rendimiento, puntos e ilusiones que han dejado poco margen de esperanzas al resto.¿Cómo recuperar fuerzas y ambiciones después de recibir cinco goles en contra? ¿Qué hacer para recomponer una imagen casi siempre inestable y que de ahora en más deberá ser sólida, inquebrantable y por cierto ganadora?

¿Lo puede lograr Talleres? ¿Podrá descontar seis puntos cuando quedan cuatro partidos en juego? ¿Sabrá Coleoni rearmar un equipo que de local y de visitante no se exponga al azaroso cambio de golpe por golpe entre tanta ansiedad y necesidad de triunfo?

Para saber si la goleada del domingo pasado en barrio Jardín ha dejado al enfermo en estado terminal habrá que observar la respuesta de quienes pueden curarlo. Y, sin duda, se necesitará una mano maestra para resucitarlo.

Será la capacidad de su técnico la que le dé un margen muy elevado de seguridad a una defensa permeable y por eso poco confiable. Tendrá que equilibrar el buen juego y la inevitable fortaleza en la recuperación del balón en un medio campo para ser fiable en la generación de jugadas de peligro sin dejar desamparada a una última línea que, por sí sola, no ofrece garantías. Y deberá acertar con hombres que en la ofensiva sean, sino infalibles, lo suficientemente precisos para definir como para asegurar más tantos en la valla adversaria que los que se pueda recibir en la propia.

Talleres ya puede estar seguro de una cosa. Viéndolo jugar a Guillermo Brown pudo comprobar que hay una formación en el Argentino A que se apoya en la enorme categoría de tres delanteros que están para desafíos más trascendentes y en la palpable convicción de que puede recurrir a ellos porque, a riesgo de pasar sofocones como los que pasó en la noche del domingo, tiene armas que nacen desde su arquero y se trasladan a cada uno de los integrantes como para pretender (y casi siempre conseguir) un gol más que cualquiera de sus adversarios.

Guillermo Brown parece haberle dado un golpe letal al presumido eslogan de que hay que ascender como sea. Aquella frase, lanzada por un directivo con la misma cuota de amor por el club y de prepotencia por saberse el más poderoso del torneo, ha quedado desterrada.

Del fútbol mucho se puede esperar que no surja de la desesperación ni de la manipulación compulsiva de un objetivo. ¿Saldrá de titular el chico Álvarez en Tres Arroyos? ¿Volverá Riaño? ¿Coleoni poblará el área rival con tres delanteros como lo hizo su colega Scialle en barrio Jardín?

Talleres está cerca de la frustración y, como ya se dijo, muy lejos del milagro. La dignidad de su propuesta debe alentar la perseverancia en el trabajo, la búsqueda de resultados y la aplicación de los medios más idóneos para alcanzarlos. Por lo pronto, ya sabe que no es el mejor equipo del torneo y que de no lograr subir de categoría tendrá que mostrar responsables. Ley rigurosa la del fútbol que destierra a quienes no cumplen con los mandatos.