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Los violentos imponen su ritmo

19 de noviembre de 2012 a las 09:24 a. m.
Los violentos imponen su ritmo

Vergüenza, impotencia, indignación, preocupación, tristeza, bronca... Todo eso y mucho más genera lo que se vio ayer durante el clásico santafesino entre Colón y Unión, que fue un bono extra de lo que sucedió el miércoles pasado en Avellaneda, cuando barras de Independiente obligaron a suspender el partido que el rojo perdía con Belgrano.

Ayer, violentos hinchas de Unión rompieron el alambrado y obligaron a demorar varias veces el partido, aunque en este caso el árbitro Germán Delfino actuó diferente a como lo había hecho su colega Saúl Laverni la semana pasada en el Libertadores de América.

Delfino entendió que si suspendía el encuentro todo sería peor y optó por reanudarlo, con esos “tatengues” parados sobre un borde donde minutos antes calzaba el alambrado, generando incidentes, mientras la Policía mostraba toda la paciencia que le faltó cuando en la tercera fecha reprimió a mansalva a hinchas de Belgrano que habían sido agredidos por delincuentes de Colón. Además, repitiendo algo que se da en un montón de canchas de Argentina, el juego se disputó con una cantidad impresionante de ­particulares al costado del campo de juego, algo que quedó en evidencia cuando el local marcó el primer tanto y se repitió al final.

¿Qué tragedia le falta sufrir al fútbol argentino para que sus responsables se den cuenta de que algo anda muy mal? ¿Hasta cuándo los violentos van a jugar y ganar su partido? En Independiente, los barras jaquean a la dirigencia en busca de recuperar terreno.

En Unión, hinchas traducen en violencia su desesperación por la casi segura pérdida de la categoría. Son dos síntomas diferentes de la misma epidemia, esa que combina impunidad, prepotencia y complicidad entre barras, directivos, fuerzas de seguridad, estamentos judiciales y políticos. Considerando la falta de determinación y sanciones y que el próximo semestre habrá más cosas en juego (entre otros, el descenso), todo indica que lo peor está por venir.