Los polibarras
Las denuncias sobre palizas, fusilamientos con balas de goma y hasta lanzamientos de adoquines contra los ómnibus de los hinchas mendocinos por parte de enfervorizados adicionales sanjuaninos en el partido San Martín-Godoy Cruz refuerzan la teoría de algunos sociólogos en el sentido de que el sombrío concepto de “policía brava”, acuñado desde la década del ’30, estaría mutando progresivamente al de “policía barrabrava” en las canchas argentinas.
“La violencia en el fútbol nacional no sólo no se controla, sino que está evolucionando hacia formas cada vez más complejas y llamativas, como el hecho de que ya en algunos lugares los nutridos contingentes de adicionales policiales conforman un tercer grupo antagónico, que se suma a las barras bravas tradicionales”, asegura el estudioso en conductas feroces en las canchas, Carlos Re Sacado.
Según este experto, esta preocupante circunstancia explicaría las denuncias de que la Policía sanjuanina tenía aparentes intenciones de exterminar a buena parte de los hinchas mendocinos, en lugar de someterlos a los métodos tradicionales de represión (disparos de bala de goma, cargas de caballería, etcétera).
Este agresivo comportamiento de los uniformados de San Juan se sumaría a los testimonios de que, en algunos estadios del interior del país, los adicionales policiales ya estarían ingresando a las canchas saltando y entonando cánticos amenazantes contra alguna hinchada rival (la Policía de Rosario es enemiga de la hinchada de Belgrano, por ejemplo), acompañados por los instrumentos de la banda (bombos, redoblantes y vientos).
“En algunos casos cuelgan trapos, exhiben paraguas azules (el color policial) y siguen los partidos trepados a los paraavalanchas”, afirmó un testigo que prefirió mantenerse en el anonimato.
“Oooo te vamo’ a reprimir… reprimir, reprimir, te vamo’ a reprimir”, es uno de los cánticos que suelen provenir de los “pulmones” generados por los uniformados.
“Con las balas de goma te vamos a dar, y con los gases te vamo’ a hacer llorar”, sería otra de las intimidantes consignas que supuestamente estarían lanzando algunos efectivos, que evitan en sus letras las palabras “vigilante”, “botón” o “cobani”, para evitar autoinsultarse.
La preocupación habría llegado una vez más a la AFA, y en especial a algunos dirigentes que advierten que se podría llegar al extremo de contratar adicionales de alguna otra fuerza de seguridad (Gendarmería, Prefectura, Infantería de Marina), para que controlen a las barras y también a los efectivos que normalmente se solicitan para custodiar la seguridad en los estadios.
“Si no detienen el surgimiento de las policías barrabravas, se va a dar un fenómeno de sedimentación de adicionales de distintas fuerzas en los partidos, que por su número ocuparían lugares que normalmente corresponderían a los hinchas, limitando cada vez más el ingreso de espectadores y con el riesgo de que después también se organicen también como barras”, asegura Re Sacado.
La gran duda es la razón por la que surgen los policías barrabravas. Para algunos todo es producto del contagio motivado por el permanente contacto con los tradicionales grupos violentos que asisten a los estadios. “Está probado científicamente que la violencia se transmite.
En una experiencia realizada en los laboratorios de Universidad de Cleveland, un inofensivo conejito fue colocado cerca de una jaula con demonios de Tasmania, y al cabo de unos días le saltó al cuello a un científico e intentó ahorcarlo”, graficó el experto.
Para otros, en cambio, algunas policías habrían sido infiltradas por barrabravas, que una vez que alcanzan niveles de mando comienzan a organizar a sus subordinados con los códigos de las agresivas organizaciones tribuneras.
“Los procesos de infiltración llevan años. Las barras bravas hacen ingresar a sus miembros más jóvenes en las academias de policías. Es lo que hizo Matt Damon en la película Los infiltrados. Hoy puede haber comisarios barras y nadie lo sospecha”, asegura un cinéfilo preocupado por la cuestión.
Está claro que el arte de golpearse brutalmente en las canchas argentinas, lejos de neutralizarse, se perfecciona domingo a domingo.

