Los claroscuros del caso Rebottaro
Andrés Rebottaro ya es historia en Tallleres. Héctor Arzubialde es ahora el nuevo entrenador del plantel profesional, pero el reciente y abrupto alejamiento del ex DT albiazul dejó varias preguntas sin respuestas en los hinchas albiazules, quienes sintieron –y aún sienten– que los protagonistas de la historia le escondieron la mejor parte de la película.
El entrenador rosarino argumentó “razones personales y familiares” para explicar su aparente renuncia, que finalmente no habría sido tal y se terminó asemejando a un despido elegante. Pero algunos dirigentes albiazules dejaron trascender a los periodistas, off the record y cuidándose de hacerlo público, razones que manchaban la conducta profesional del entrenador rosarino y la de uno de sus colaboradores.
Esta práctica de tirar la piedra y después esconder la mano no es nueva en una parte de los dirigentes del fútbol cordobés, que al parecer piensa que los periodistas son imbéciles y no miden el riesgo de sus afirmaciones.
El periodista tiene la obligación de chequear la información, antes de publicarla, por cuestiones profesionales, éticas y legales y no dejarse manosear por intereses que no sean otros que el de la búsqueda de la verdad.
Por ello, los dirigentes de los clubes – aunque esto también le cabe a los entrenadores y jugadores– deberían desterrar esa propensión a calificar a los periodistas de “amigos” o “enemigos” según difundan o no en sus respectivos medios la información que les conviene y cómo a ellos les conviene.
Si alguien sospecha que Rebottaro o uno de sus colaboradores tuvo una actitud reñida con la ética que dio motivo cierto para su despido, que haga la denuncia ante sus pares o que asuma la responsabilidad de hacerlo público, con su nombre y apellido.
Y si Rebottaro, como al parecer sucedió, deslizó críticas fuera de grabación respecto del proceder de algún miembro del Fondo de Inversión que coadministra el club, que también tenga la valentía de hacerlo público, con pelos y señales.
En este, como en otros casos similares, queda la sensación de que una mano lavó a la otra y que por los benditos “códigos futbolísticos” lo mejor era darle al caso Rebottaro “una salida elegante”. Y si era usando a los periodistas, mejor.
Al cabo, la calesita del fútbol siempre da una vuelta más y el excomulgado de hoy puede ser el salvador de mañana, si las papas queman.

