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Lo que puede un nombre

05 de abril de 2011 a las 09:51 a. m.
Lo que puede un nombre

River Plate es uno de los pocos clubes en la República Argentina que ha podido evitar el martillo de la Justicia. Su pésima economía bien podría haberlo llevado a una convocatoria de acreedores, recibió el acompañamiento discreto y comprensivo de Julio Grondona, y fue ayudado además por la imagen de respeto y autoridad que despierta su presidente, Daniel Passarella.Passarella, precisamente, ha logrado lo que ningún otro presidente pudo o difícilmente podrá lograr en un ambiente demandante como pocos: que un grupo de futbolistas soporte una deuda de casi dos años de vigencia y la deje descansar, inmóvil en el reclamo, por la confianza en quien, hasta hace menos de dos décadas, era un exitoso par suyo.

Sin él, River sería probablemente un hervidero y quizá ya tendría otro destino jurídico. Con él, River, hasta ahora, ha enderezado el rumbo. Apostó a Juan José López, le dio poder hasta para resolver la espinosa salida del "Burrito" Ortega, se recostó en Juan Pablo Carrizo y en Matías Almeyda para transmitir tranquilidad dentro del plantel y protege como un tesoro a Erik Lamela, quien le puede retribuir con el tesoro aun mayor de una tranquilizadora transferencia a la vuelta de este o del próximo campeonato.

Quizá sin quererlo, o tal vez aplicando los mismos criterios que otros candidatos triunfantes, Passarella se olvidó rápido de José María Aguilar, su cuestionado antecesor, quien parece haber hecho todo lo posible para destruir lo que tuviera color blanco y rojo en Núñez y sus alrededores, y por cuya gestión Passarella había pedido realizar una auditoría que seguramente se cajoneará en algún escritorio. Aguilar, además, fue premiado por su gran labor como dirigente y es hoy integrante de la Comisión de Fútbol de Clubes de la Fifa. Un regalito del vicepresidente primero, Don Julio. ¿Se entiende?

Lo cierto es que River ya mira más desde lejos la zona de reválida y empieza a sentir las comodidades de un inesperado liderazgo. Ya no están Olimpo, All Boys o Huracán acosándolo; por estos días es Estudiantes el que le hace grata compañía.

Para realizar esta campaña, River se ha sostenido en los futbolistas en los que confiaron Passarella y “J.J.” (Carrizo, Almeyda y Lamela) y en un hombre que desde hace un par de domingos no está por lesión pero con cuya presencia River tuvo la respuesta anímica necesaria para afrontar tan duros momentos: Mariano Pavone, quien ayudó con su entrega a contagiar hasta a los hinchas, aun a pesar de sus limitaciones técnicas, tal como ocurre con Martín Palermo en Boca Juniors. El resto de los jugadores se ha amoldado a este curioso momento de bolsillo “pobre” y ambición limitada y aporta mucha disciplina y sacrificio.

River se ampara en un contexto favorable de discontinuidad generalizada. Su estadística, como la de Estudiantes, indica que han perdido nueve puntos de los 24 disputados. Otra muestra de lo parejo del torneo es que ningún equipo ha aprovechado el doble compromiso de los que compiten también en la Copa Libertadores de América. Los números son elocuentes: con 14 puntos, a uno de los punteros, se ubican Godoy Cruz, Argentinos Juniors y Vélez Sársfield, aunque este con un partido menos jugado.

En este panorama se desenvuelve el rejuvenecido River Plate. Que tuvo que recurrir a viejos grandes jugadores en distintos roles para empezar a poner la casa en orden. Lo está logrando. Y a un precio mucho menor que en otros ámbitos de la sociedad. Porque si el fútbol se caracteriza por algo es porque casi todo le perdonan.