Lo que cuesta ser Pereyra
"El Picante", lo esencial es invisible a los ojos. El delantero fue goleador de AFA tras pasar una dura etapa.
Ahora se lo ve ahí arriba a César Pereyra. Como nunca antes se lo había visto en el Mundo Belgrano. Ayer distinguido por ser parte del ascenso histórico con River, hoy como primer goleador celeste de un torneo de Primera División, el campeonato del gol de chilena. Aquella maravilla que ensayó ante Racing de Avellaneda.
Pero lo esencial del delantero fue invisible a los ojos. Entre una y otra conquista, entre sus dos mejores versiones, a Pereyra le tocó transitar por la peor de las etapas como jugador. La que se presenta como el enemigo más cruel, el que supera al mejor arquero, quizá al central más duro.
Se trata de las lesiones y las ansiedades y miedos que determinan una recuperación lenta, los dolores inéditos, el camino del regreso, la distancia que separa el parecer del jugador de aquel que administran el médico y el DT.
Ni hablar de los temores a resentirse, la pelota que no dobla como antes, el calibre de la pegada, la potencia, el arco que se achica. El tortuoso camino del regreso.
Pereyra tuvo que trabajar más su paciencia que la definición más dificultosa. Y su envión fue tal que volvió a hacer historia en el resurgir de Belgrano.
Hasta antes de este envión, "el Picante" era suplente. Sí, el gran Pereyra, el delantero que había nacido pegado a la raya, el de la explosión increíble, el que popularizó el festejo de "la Ranita", fue titular en la cuarta fecha con Gimnasia y luego pasó a ser suplente.
En los partidos con Atlético de Rafaela, Estudiantes de la Plata y Vélez Sársfield, jugado el 13 de septiembre pasado. En ese partido, Pereyra entró a los 29 minutos de juego por las lesión de Ezequiel Maggiolo y encaminó el partido, además de convertir el 3-0 con el que se cerró la goleada. El natural de Villa Ocampo no paró más hasta ser el goleador del Torneo Inicial.
Se reinventó, pero también contó con una estructura más predispuesta a aprovechar su potencial. Belgrano aceptó el riesgo del ida y vuelta con muchos rivales. Comprometió a su fondo, pero arriba todos se animaron a entender al Pereyra y viceversa. Márquez fue el primero y le siguieron Velázquez, Farré, Pittinari, González, Rigoni, Bueno. Así, “el Picante” pasó a ser “el más Picante”.

