Las temidas malas rachas
Mirá la desopilante columna de Luis Heredia y su "Pelotazo al Vacío".
Las malas rachas de los equipos de fútbol son un problema por donde se las mire. Si no se cortan a tiempo pueden llevar a un equipo al descenso, pulverizan la autoestima de los jugadores, generan picos de estrés en los dirigentes, eyectan cuerpos técnicos completos y sumergen a los hinchas en profundas crisis de credibilidad al punto que terminan por evitar acudir a las canchas a ver a sus equipos.Esta última circunstancia es una de las más desalentadoras para dirigentes y jugadores.
"Después de 28 derrotas consecutivas la concurrencia a nuestro estadio cuando jugamos de local, bajó de 22 mil entusiastas, fervorosos y esperanzados hinchas, a 37 tipos pesimistas, desanimados y malhumorados, que lo único que hacen es insultar a los jugadores, a la comisión, y al 10° cuerpo técnico que contratamos", afirma un directivo de Deportivo Catenaccio, institución de una liga santafesina que logró un punto de los últimos 87 que disputó (un empate 0-0 contra Atlético Surubí, antes de encadenar la peor serie de derrotas en la historia del club).La comisión directiva intentó mejorar el humor de estos simpatizantes, regalándoles una bandera gigante con los colores del club (caoba y lila) y su lema en latín ("Ad sidera tollere vultus", cuya traducción se perdió en un incendio junto con el acta de fundación de la institución y desde entonces nadie puede descifrarla).
Sin embargo, el gigantesco paño de 290 metros de largo por 100 de ancho, y dos toneladas de peso sólo generó más frustración en los 37 fanáticos que a su manera resisten la mala racha, ya que les costó muchísimo cargarla (cinco de ellos terminaron con hernias de disco lumbares y otros dos con palpitaciones), y después afrontaron serias dificultades para desplegarla.
“Es imposible maniobrar semejante trapo con tan pocos. Estuvimos 35 minutos para extenderla por completo, y recién ahí un tipo nos avisó que estaba al revés. Finalmente la desplegamos bien pero nos llevó 80 minutos, los brazos nos quedaron más hinchados que los de Popeye y no pudimos ver la última derrota del equipo”, explicó la “Chancha Obesa” uno de los hinchas caracterizados del Catenaccio.
“Creemos que es una maniobra de los dirigentes para que nos pasemos todo el partido maniobrando con la p… bandera y no insultemos a los jugadores, a sus madres, a los dirigentes y a sus madres, y al técnico y a su padre”, agregó el barra, sin explicar las razones del llamativo cambio de dirección de los agravios hacia el progenitor del entrenador.
Una idea decididamente revolucionaria para el problema fue la que puso en práctica el Atlético Chiripá, institución de una liga bonaerense cuyos dirigentes decidieron años atrás contratar extras para paliar una drástica reducción de simpatizantes, debida a la deplorable campaña del ’99, que sumó 40 partidos sin ganar (tres empates y 37 derrotas, 26 de ellas por más de cinco goles de diferencia).
“Sólo dos hinchas seguían asistiendo a los partidos, por lo que hicimos un casting y contratamos a 600 extras para que alienten al equipo”, rememoró un directivo de Chiripá.
Según aseguran hoy los impulsores de la iniciativa, si bien la inversión fue fuerte los resultados fueron alentadores. “El equipo siguió perdiendo por goleada, pero el clima era otro porque a los tipos que contratamos les importaba un pito. Eso descomprimió la situación”, recordó un ex directivo.
Algunos testigos de este auténtico experimento tribunero recuerdan que en un partido contra Juventud Espartana, los 600 “hinchas” de Chiripá desataron un espectáculo impresionante de pirotecnia con bengalas y luces de colores, inmediatamente después del séptimo gol rival.
“Los jugadores de Espartano no entendían nada y más de uno se acercó al banco para preguntar cuál era el resultado del partido, porque pensaban que estaban perdiendo”, asegura el testimonio.
Uno de aquellos extras, recuerda hoy con cariño la experiencia: “Soy actor, como la mayoría de los que fuimos contratados. Me dijeron que debía exteriorizar pasión, fanatismo, devoción y bueno, me metí en el personaje y lo hice. Tengo una foto en un paraavalancha y parezco un hincha dispuesto a dar la vida por Atlético Chiripá. Algo que jamás haría por supuesto”. Está claro que los que idearon el “fútbol espectáculo” jamás pensaron que se llegara tan lejos.
Atraparon a uno
Después de una paciente y profesional tarea de inteligencia y de observación de imágenes, la Policía Federal detuvo a uno de los barras de Boca que presuntamente participó de la masiva golpiza a empleados de seguridad en una de las tribunas del Monumental, durante el clásico con River. De esta forma, el número de sospechosos en libertad se redujo a 267.
El sujeto en cuestión fue apresado cuando pretendía ingresar a la Bombonera para asistir al clásico Boca-San Lorenzo. “A este ritmo de un hincha identificado y apresado por cada fecha del fútbol, calculamos que para la temporada 2016-17, vamos a estar atrapando a los últimos agresores de la seguridad de River”, expresó con optimismo una fuente policial. En cuanto al castigo que les correspondería, en ámbitos judiciales se asegura que se les aplicará todo el rigor de la ley.
“Como para que se den una idea de los que les espera a estos violentos, en los próximos días el sujeto que fue atrapado deberá escribir 100 veces en un pizarrón ‘no debo pegarle a los empleados de seguridad de otros clubes”, aseguró una fuente vinculada a la causa. “Esta gente seguramente lo pensará dos veces antes de volver a golpear a una persona”, finalizó.

