La violencia y sus actores
Es difícil creer que la violencia se vaya a terminar con hechos como los que ocurrieron en el último Talleres-Racing, cuando desde el césped se ofrece la imagen de una batalla entre los jugadores de la Academia y la Policía, que de proteger al juez Darío Herrera (había enardecido a todos con su impresionante dualidad de criterio) pasó a la acción.
Esa pelea disparó las reacciones de los plateístas de Talleres (arrancando butacas para impactar a jugadores de Racing) y la de los parciales albicelestes con la pedrea de la retirada.
Es tan grave como el hecho de que sólo unos pocos se hayan avergonzado de semejante espectáculo. ¿Qué pasará la próxima vez que a los jugadores de Racing crean que le meten la mano al bolsillo?
Ya el año pasado, en otro clásico, a varios futbolistas les pintaron los dedos por una pelea con jugadores de Talleres, igualmente culpables. Y hasta un dirigente fue acusado de participar en esos líos.
Ahora, en la Academia rezan para que el informe del juez sea lo más leve posible, como las sanciones que imponga la fiscal. ¿Y la Policía? ¿Podía ser tan intolerante como para trabarse en semejante lucha con los jugadores de Racing y reducirlos como si se tratara de un asalto, en especial al pibe Penner, que ahora los denunciará por agresión?
¿Y esos plateístas de la “T” que, en lugar de festejar, agredieron a los futbolistas albicelestes? ¿Qué hubiera pasado si lograban su objetivo? El daño lo pagaría el club. Y el árbitro, que no es ajeno a esta cuestión, no se hizo cargo de lo que provocó ya que varios jugadores de Racing hablaron de un supuesto maltrato. La violencia no se cansa. Y nunca lo hará, si en lugar de ser erradicada, termina siendo fomentada.

