La reflexión luego de la desgracia
El fútbol de Córdoba, en particular, y el deporte cordobés, en general, están de luto. El sábado, la resistencia de Cristian Emiliano Monti llegó a su fin y su corazón, una caja repleta de todas las ilusiones que se pueden tener a los 16 años, dejó de latir.
Fue el segundo mazazo desde que Emiliano quedó en estado de coma aquel fatídico 7 de julio, luego de una gresca generalizada entre jugadores de las quintas divisiones de Juvenil Barrio Comercial y Libertad en un partido por la Liga Cordobesa. Fueron poco más de cuatro meses de lucha y una truncada esperanza de mejoría.
“La noticia nos destruyó”, dijo Emeterio Farías, titular de la Liga Cordobesa de fútbol y de la Agencia Córdoba Deportes, sintetizando el dolor sufrido por el ambiente deportivo de la provincia ante esta pérdida irreparable.
Pero mientras se intenta digerir esta desgracia y soportar tanto desgarro, el primer ejercicio a realizar es el de una profunda reflexión sobre cómo se están realizando los procesos de formación de los jóvenes deportistas, los valores que se inculcan, las prioridades que deben establecerse en esas etapas de desarrollo, los ejemplos que reciben, los exámenes médicos y físicos que se exigen... Son aspectos determinantes que permiten mantener la esencia del juego y que el mismo se dé en las condiciones adecuadas. Y quitan dramatismo, sin que eso signifique descuidar un rasgo que también se aprende como es la conciencia de competencia.
Un perfil competitivo que existe por naturaleza, pero que se educa para buscar que sea lo más sano posible y con un respeto absoluto hacia los otros actores, como son rivales, autoridades, compañeros y sus grupos de pertenencia.
Si algo deja esta tragedia llamada Emiliano y apellidada Monti es la necesidad urgente de revisar todo lo concerniente a cuáles son los estímulos que reciben los más chicos. Eso si se quiere seguir cumpliendo con premisas clave del deporte, como son ayudar en la educación y en la contención social.

