La pata astillada de la mesa
“No es lo ideal, pero para mí no es excusa. Este grupo ha sabido reponerse de muchas cosas. Lo que nos pasó en los últimos partidos fue futbolístico, nada más”.
Darío Franco recibe la pregunta con una mueca. Quizá preferiría no responder sobre el enrarecido microclima de Instituto. Ya demasiado tiene con la necesidad de ir por “la hazaña” para revertir el 0-2 ante San Lorenzo. Pero le hace frente a la cuestión e inclusive deja claro su intención de cumplir los dos años de contrato que le quedan como DT del club de Alta Córdoba, “si los dirigentes no opinan lo contrario”.
Un lugar común de nuestro fútbol refiere que “deben estar firmes las cuatro patas de la mesa” para que los proyectos se sostengan. Y habrá que convenir que en Instituto son de buena madera jugadores y cuerpo técnico, aunque anden chuequeando un poco en la recta final. Nada qué decir de los hinchas de verdad, que han sido de fierro. Los otros, ya se sabe, ni siquiera están pendientes del juego y del resultado. Ellos alientan, insultan, pintan, amenazan, votan a favor o en contra: todo por el mismo precio. De la cuarta “pata”, la dirigencial, se sabe que hace tiempo está astillada. Y se nota mucho. Más allá de la tregua.
No sólo se trata de una cuestión de celos, de caja y de poder puertas adentro. Muchos de aquellos principios declamados desde la vereda opositora, que tan buenos réditos dieron en las urnas en 2008, parecen olvidados. Vicio repetido de los que, en cualquier ámbito, llegan arriba: terminar siendo lo mismo que antes criticaban. Gran parte de la tribuna albirroja pasó factura en el descanso del juego contra Ferro. En la tarde del jueves, el Monumental fue una metáfora de esa realidad poco gloriosa en lo dirigencial: unos por aquí, otros por allá... y ausencias. ¡Ah! Esa misma mañana, la declaración de un encumbrado “pope” albirrojo en Tribunales había durado casi lo que dos partidos. Lo citaron porque su nombre figura en el expediente de la causa que se inició tras el tristemente célebre “hay balas para todos”, en aquella oscura noche en que Franco y su plantel volvían derrotados de Corrientes.
El futuro de Instituto estará en juego mañana. Y también el lunes.

