La edad de piedra
Mirá la desopilante columna de Luis Heredia y su "Pelotazo al Vacío".
Hay algunas pedradas que pasaron a la historia porque en alguna medida la cambiaron, como el famoso pedradón que le clavó David a Goliat en el medio de la frente y que quedó en los registros bíblicos.
El fin de semana pasado, en el partido que Huracán le ganó 2-1 a Banfield por la B Nacional, una anónima piedra, lanzada desde la tribuna del Globo, no fue sin embargo un proyectil más entre los miles que se lanzan por mes en el fútbol argentino (el especialista Carlos Piedra Buena estima que los hinchas se arrojan entre sí o contra la policía, no menos de 16 mil piedras cada fin de semana en distintas canchas del país, con picos de hasta 25 mil lanzamientos).
El hecho ocurrió a los 19 minutos del complemento cuando el árbitro Silvio Trucco sancionó erróneamente un penal a favor de Banfield por una mano de un jugador de Huracán fuera del área. Su decisión generó discusiones y una piedra lanzada por un hincha impactó de rebote en su cara, lo que obligó a su atención médica.
Lo sorpresivo fue que cuando el colegiado se recuperó, cambió su decisión y decretó tiro libre, circunstancia que fue muy festejada por los hinchas del Globo y sumergió en el desconcierto y la desazón a los jugadores de Banfield que incluso habían sorteado al pateador y decidido la coreografía del festejo del gol.
“No se puede jugar así con las expectativas de todo un plantel. Nos habíamos hecho la ilusión de patear el primer penal que nos dan en el torneo y de buenas a primera el árbitro lo transformó en tiro libre. Es como regalarle un chimpancé a un niño y luego quitárselo”, señaló un integrante del equipo, apelando a una curiosa comparación.
El experto en errores arbitrales, Juan del Yerro, nacido en Córdoba y actual asesor de la Concacaf en el tema, advirtió sobre las posibles implicancias de la oscilante conducta de Trucco en cancha del Taladro.
“La lectura que se hace de este llamativo hecho es que cuando un árbitro incurra en un moco (*), los hinchas considerarán oportuno hacerlo entrar en razones atinándole un pedradón en la cabeza, lo que implica una práctica de altísimo riesgo físico para los colegiados”, razonó Del Yerro.
Pero el experto va más allá y considera que de generalizarse esta práctica los hinchas incluso podrían derribar árbitros a pedradas “aun cuando sus fallos sean acertados, y se estaría ingresando en una etapa más peligrosa, ya que implicaría desvirtuar seriamente el juego”.
Las razones de una decisión. De todos modos, no está claro qué fue lo que llevó a Trucco a dar marcha atrás con el penal. Para algunos analistas, el proyectil fue tan certero que afectó un centro de memoria de modo tal que cuando el árbitro retomó las riendas del encuentro, no sabía si estaba dirigiendo un partido de fútbol o uno de badminton.
Otros en cambio consideran que Trucco estaba en pleno uso de sus facultades, al punto de advertir que en la parcialidad de Huracán había por lo menos un tirador de piedras de endemoniada puntería, y que para colmo estaba de pésimo humor por el penal, por lo que buscó evitarse la posibilidad de un nuevo impacto reduciendo la pena a un tiro libre.
Y también están los que aseguran que en realidad fue uno de los jueces de línea quien, advertido de las destrezas del sujeto, le recomendó al árbitro cambiar la pena máxima con tal de calmar al energúmeno tira-piedras y salir así de su mira (habría sugerido dar saque lateral a Huracán y expulsar dos jugadores de Banfield a elección).
El lanzamiento de proyectiles en el fútbol constituye una de las tantas prácticas deplorables cuya erradicación se discute en la AFA desde hace tiempo. Sin embargo el asunto se encuentra estancado porque muchos dirigentes entienden que la única salida es la eliminación de todas las piedras del territorio argentino, mientras que los menos entienden que se debe neutralizar a los lanzadores, ubicados principalmente en las barras bravas. En tanto está duda casi filosófica no se resuelva, no avanzaremos en la solución de este problema.* Modismo cordobés que significa cometer un error, equivocación o desacierto.

