La derrota de Federer, señal de recambio
En 14 meses, Roger Federer, el tenista más grande que ha dado la historia, apenas ganó un título (Halle); y este año sólo pudo vencer a un top-10: el francés Jo Tsonga.
Para un tenista de su trayectoria, que maravilló al mundo en la última década no sólo por su juego, sino por su hegemonía casi absoluta, estos números son una evidencia contundente de su vulnerabilidad. No por eso es un rival fácil, por el contrario. Aún en la peor de sus condiciones, es capaz de mantenerse top-10 y darles pelea a jugadores que, como "Delpo", tienen siete años menos y mayor potencia y respuesta física que él.
Su tenis, sacado de los libros, sufrió este año las consecuencias de una lesión (en la espalda) y la mala decisión de no haber parado para recuperarse. Eso le valió sufrir derrotas impensadas frente a rivales de escasa jerarquía.
Pero además ha sido evidente para él la superioridad de los rivales más encumbrados en el ranking ATP. En Basilea, Del Potro no sólo volvió a mostrarle su contundencia (con lo justo, es cierto) a partir de una potencia que le cuesta mucho controlar al gran Roger, sino que la interminable ovación de su gente tras la derrota tuvo sabor a despedida.
El tenis de Roger da para seguir, por mucho tiempo, peleando entre los mejores. La pregunta es si su mente está preparada para ser protagonista de los grandes torneos, pero no el ganador incansable de años anteriores.

