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Juventud, divino tesoro

La demostración que está haciendo la selección argentina masculina de vóley demuestra que en Argentina siempre habrá futuro.

03 de octubre de 2010 a las 10:01 a. m.
Juventud, divino tesoro

Luego del fracaso (estrepitoso si se quiere) de la selección argentina de vóleibol en la Liga Mundial 2010 (14 derrotas seguiditas), nadie podía aventurar este auspicioso (brillante si se quiere) presente en el Mundial de Italia, con la presencia de los mejores equipos del planeta.Argentina, para muchos de manera impensada, ya se metió en el lote de las 12 selecciones que pelearán por el título, aunque se sabe que de ahora en más el camino se hará intensamente sinuoso. Cuatro triunfos y una derrota (la previsible ante Estados Unidos) hicieron que el equipo nacional pasara rápidamente del bochorno de la Liga a esta primavera mundialista.

¿Qué pasó? ¿Qué cambió? Se tomaron decisiones adultas... y arriesgadas. El entrenador Javier Weber replanteó algunas cuestiones y decidió, en una medida que despertó cierta polémica en el planeta vóleibol, borrar a buena parte de los jugadores históricos. Apostó a jóvenes con proyección internacional.

El DT sintió que el agua superaba la línea de flotación del buque y que el impacto contra el iceberg era inevitable. Se encendió la luz roja y comenzó a sonar la sirena de evacuación. Era la hora de desempolvar el bote de auxilio.

"Vamos a depositar en los jóvenes los valores del equipo para esta nueva etapa, que incluye el Mundial. Ellos ya demostraron su valor, su jerarquía, y es tiempo de que tengan la oportunidad en la selección mayor", dijo Weber a fines de julio pasado cuando dio la lista de 16 preseleccionados. Luego, quedaron 14 (los últimos excluidos fueron Alejandro Spajic -34 años- y Cristian Poglajen -21-).

“El futuro llegó. Vamos a apostar ahora por estos jugadores que ya demostraron condiciones en el máximo nivel internacional. La primera parte del año ya pasó y no fue buena, y yo soy el responsable en forma absoluta. Ahora debo tomar decisiones pensando en lo mejor para el equipo y en lo mejor para el vóleibol argentino”, agregó el entrenador antes de viajar a Italia para jugar el Mundial.

Weber se dio cuenta a tiempo que había que hacer cambios... y los hizo, en un instinto por salvar su pellejo y el de la selección argentina. En otra situación, al técnico lo hubieran puesto de patitas en la calle, como históricamente sucedió con los entrenadores argentinos, ya sea de clubes o selecciones. Pero no fue así, el DT y los dirigentes de la Federación Argentina de Vóleibol privilegiaron objetivos.

¿Cuál es el momento de los pibes, los chicos, los juveniles? Una vieja discusión que se reflota cada tanto en el deporte argentino por equipo. ¿Cuándo ponerlos? ¿Cuándo las papas queman o cuando se viaja en el colectivo de los triunfos? Weber los puso cuando las papas quemaban. Otros, a veces, se demoran tanto que hay promesas que se mueren potros sin galopar, como cantaban los Redondos en La bestia pop.

Quizá por aquello de que una buena parte de los argentinos suele reducir las actuaciones deportivas a dos palabras (éxito o fracaso), los entrenadores se resisten a meter cambios de fondo para alcanzar la transformación. Desde esta columna (y otras de MundoD, en papel y la web) hemos insistido (y lo seguiremos haciendo) en que la planificación no garantiza el triunfo, pero allana el camino para conseguirlo.