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Jugadores a los golpes

28 de octubre de 2010 a las 09:06 a. m.
Jugadores a los golpes

Si el juvenil de River Erik Lamela termina de nuevo con serias heridas después un partido ya nadie lo sabrá, porque seguramente no volverá a mostrar ni una uña encarnada desde que Sebastián Verón lo tratara de "nena" por dejar fotografiar las hemorragias derivadas del recordado planchazo de Curbelo hace dos fechas.Las polémicas declaraciones de Verón y de varios otros que apoyaron sus polémicos dichos fueron seguidas muy de cerca por los más reconocidos pateadores de tibia y peroné del fútbol argentino, ya que de cómo evolucionara el tema dependía en gran medida la continuidad de su tarea quirúrgica en las canchas.

La preocupación de los matarifes del fútbol criollo era lógica, si cada jugador lesionado llamaba a conferencia de prensa para mostrar cómo quedaban sus huesos después de una patada, la sociedad toda comenzaría a señalarlos, lo que constituye un paso previo a la discriminación.

Es que lo que hizo Lamela: rompió con una tradición histórica del fútbol argentino que es la de aguantarse las heridas sufridas, por más violentas, dolorosas y sangrantes que sean.

La prédica de Verón tuvo éxito y el domingo Federico Mancuello, volante de Independiente, fue ocultado velozmente para evitar que fuera fotografiada su pierna (o lo que quedó de ella), después del planchazo del boquense Insaurralde. Luego, y también con mucho disimulo, auxiliares de Independiente ingresaron en el entretiempo aparentemente a buscar restos de tejido muscular y epitelial del jugador que supuestamente había quedado desparramado en el pasto por el brutal impacto. Mancuello no pudo seguir jugando, pero la reserva con la que fue manejado el tema de su lesión seguramente generó satisfacción en el núcleo de "los duros" del fútbol nacional.Sucede que así como hay boxeadores que siguieron peleando con la quijada rota, o una muñeca fisurada, el fútbol argentino se nutre de un rico historial de aguante al dolor, como aquella inolvidable gesta protagonizada por el "vasco" Epoxi Amusategui, del Porvenir, que en un partido de la década del 40 recibió el impacto en la frente de una piedra bola lanzada por los hinchas contrarios. El recordado defensor siguió jugando sin dar signos de dolor, a pesar de que el proyectil había quedado incrustado entre ceja y ceja, y a que desde el banco le pedían que dejara la cancha.

Gracias a que estaba engarzada en el hueso frontal (sobresalía unos siete centímetros), la piedra obturaba la salida de la sangre y permitía a Amusategui mantenerse en cancha, a pesar de que por momentos se lo notaba mareado y giraba sobre sí mismo en el sentido de las agujas del reloj. Finalmente, al rechazar un córner (precisamente con un frentazo), la piedra bola ingresó completamente en su cráneo y ya fue imposible extirparla porque quedó alojada debajo del cerebro. El mito dice que para cerrar el orificio que había dejado el guijarro, el cuerpo técnico utilizó espátula y masilla para autos, y que el “vasco” siguió jugando.

Lo cierto es que a partir de este resurgimiento vigoroso del culto al dolor en el fútbol argentino, algunos especialistas en entrenamiento recomiendan que la formación de jugadores no sólo incluya la técnica de juego, la disciplina táctica y la preparación atlética, sino también un programa de adaptación al sufrimiento físico.

"Los futuros jugadores profesionales deberán ser sometidos a golpes de intensidad creciente en diversas partes del cuerpo propinados con martillos, tonfas, bates y otros elementos similares. La intención es lograr un acostumbramiento al dolor que les permita sobrellevar los partidos sin problemas", asegura José Manopla, fajador profesional e impulsor del Programa por un Fútbol sin Nenas.Según Manopla, los uruguayos nos llevan años de ventaja en materia de endurecimiento de jugadores, lo cual quedó demostrado en la forma en que el arquero de Defensor Sporting absorbió la pedrada que recibió en la cabeza en cancha de Independiente en la Sudamericana.

Eso sí, queda claro que los únicos autorizados en producir lesiones dolorosas y/o graves en los jugadores son sus propios colegas en la cancha, y que los hinchas tienen terminantemente prohibido sumarse a estas prácticas, por ejemplo lanzando proyectiles. Como dice el refrán: haz lo que digo, no lo que hago.