Islas, un viaje al pasado
Erase una vez Luis Islas en el Mundo Talleres. A los 36 años y con la fuerza de un debutante, el único campeón del mundo en México 1986 que estaba en actividad, regresaba al país.
No fueron Chacarita, Estudiantes, Independiente o Huracán quienes lo buscaron, sino Talleres el que lo repatrió desde México. Con look juvenil y peinado “mohicano”, el arquero había desembarcado en Talleres para hacer la diferencia en un equipo que se había formado sobre la hora. Nuevamente.
Islas talló como para volver a la selección, mientras Talleres mantuvo la categoría, tras las promociones con San Martín de Mendoza. “Islas no se va”, le gritó la gente, pero se fue igual.
"Ya esperé demasiado", dijo a este diario. "¿Es necesario Islas? Tiene un ofrecimiento muy bueno. Pidió que le adelantáramos el dinero de la prima. Es mucho", se defendió el entonces presidente Dossetti. Igual, sobraban los compromisos: la directiva debió pagarle al plantel en el vestuario el premio por mantener la categoría y reunir los 30 mil dólares mensuales que, decía, costaba Pastoriza.
Ése y otros episodios eran como malos augurios de la tormenta que se venía. La temporada siguiente fue la última en Primera División. Islas disparó un viaje al pasado. Apenas un ejercicio de memoria. Para empezar a entender cómo Talleres empezó su lento y progresivo descenso al piso de su historia deportiva.

