Gonzalo Higuaín y los peligros del mar
La noticia fue sorprendente y preocupante. Gonzalo Higuaín terminó con 10 puntos de sutura en la cara tras comprobar dolorosamente, y nada menos que con su mandíbula, la dureza de las rocas que rodean a la isla de Capri al lanzarse de una embarcación en la que se encontraba paseando con amigos, luego de su debut en Napoli, club que pagó 37 millones de euros por su pase a Real Madrid. Por fortuna para el delantero de la selección, más allá del mal rato la cosa no pasó a mayores, pero los detalles del incidente alarmaron no sólo a los directivos del club del sur italiano, sino también a los de otros clubes de Europa, sobre la necesidad de salvaguardar a sus más cotizadas estrellas de accidentes cotidianos, domésticos, vacacionales y/o marítimos que puedan llegar a ocurrirles.
Para el caso particular de las peligrosas y contundentes rocas sumergidas en el mar Tirreno, dirigentes italianos propusieron que a partir del lunes pasado, cualquier jugador valuado en más de 10 millones de euros sea acompañado por buzos tácticos cuando se lance a navegar.
Este personal especializado tendrá la misión de zambullirse con las manos atadas a la espalda en los lugares que él jugador valioso elija (incluso caprichosamente), para lanzarse a nadar. Si no impactan con la cabeza en rocas sumergidas, arrecifes, alguna formación coralina o carguero hundido en la Segunda Guerra, entonces el jugador estrella podrá arrojarse si temor de la forma que más le plazca, incluso en la célebre modalidad “bombita”, muy peligrosa si hay formaciones rocosas en punta bajo la superficie.
Pero las aguas abiertas entrañan otros riesgos más serios como ser devorado por tiburones o arrastrado a las profundidades por pulpos gigantes o el mítico Kraken.
“Los jugadores que se integren a equipos del litoral marítimo europeo deberán realizar un curso de reconocimiento de criaturas de las profundidades, ya que muchos no distinguen entre una anchoa, un krill y un pez hongo”, explicó el dirigente nórdico Aarff Roorfnunssenn, mientras daba cuenta ruidosamente un pieza de arenque ahumado.
De todos modos en las zonas infestadas por tiburones los jugadores cotizados podrán chapotear con absoluta tranquilidad, ya que se distribuirán estratégicamente a su alrededor a personas especialmente seleccionadas y contratadas por contextura rolliza, que tendrán la simple tarea de flotar para conformar una suerte de “círculo protector” o “Anillo de la vida” alrededor de la estrella del equipo.
La idea es ofrecerles a los voraces escualos, bocadillos más apetitosos que el crack del club. De esa forma, el jugador protegido dispondrá de tiempo para ponerse a salvo, mientras el temible depredador de los mares se devora a uno (o a varios) de los integrantes del escudo de protección.
“No se trata de poner ‘carnada humana’ como aseguran por ahí los que no entienden nada del negocio de dar seguridad a las celebridades deportivas, y por lo tanto hablan sin saber. Simplemente se trata de contratar gente que hace un trabajo de riesgo como cualquier otro”, explicó un dirigente peninsular Franco Lancioni, autor y entusiasta impulsor de la idea.
Pero no sólo amenazas físicas se esconden bajo las aguas oceánicas, sino también amorosas. “Una cosa es que la estrella del equipo ceda ante los encantos de una botinera, y otra muy distinta es que sea seducido por una sirena y sea arrastrado al fondo del mar. Qué le decimos a los socios del club o a los auspiciantes”, reflexionó un dirigente francés.
De todos modos, no sólo el mar encierra riesgos para los jugadores cotizados, ya que la vida cotidiana está sembrada de peligros que acechan a cada paso a los más reconocidos jugadores del mundo.
Desde pincharse con una aguja como le ocurrió a la Bella Durmiente, lo que implicaría no contar con el jugador hasta que despierte al recibir el beso de amor de un príncipe azul, (es decir un príncipe con problemas de cianosis); caerse de cabeza de la cama al atarse los cordones, patinarse con un resto de vómito mientras participa de un clásico "trencito" en un casamiento y o llevarse puesto un parquímetro por ir mandando besos por celular.La vida aún para los dioses del fútbol, implica un combo de peligros.

