Goles, amores y desamores
Alrededor de dos minutos debió esperar el árbitro Ariel Montero, debutante en la B Nacional, para mostrarle la tarjeta amarilla a Ramón Ábila y reanudar el partido. Es que "Wanchope", el goleador que todo Instituto esperaba, no ahorró energías para festejar su primera conquista en el albirrojo.
Todo el público se puso de pie y le tributó una ovación, luego de que él fuera a buscar la descarga, hiciera pasar de largo a un defensor y cambiara de pierna sobre la marcha para "picársela" de zurda a Martín Perafán, el arquero de Defensa y Justicia. Camiseta al aire, brazos apuntando al cielo y besos hacia las plateas fueron parte del alocado festejo del juvenil que el viernes reemplazó a Leandro Lázzaro.
La adhesión fue general y el gol fue el comentario obligado del entretiempo. A 10 minutos del final del partido, cuando Claudio Vivas decidió reemplazarlo, Ábila se llevó todos los aplausos. El coro de palmas se mezcló con algunos silbidos que reprobaban, más que su salida, el ingreso del otro Ramón, Lentini, adelante en la preferencia del DT y atrás en la consideración popular. Y en el minuto final, el ex Quilmes se sacó el lastre de su sequía goleadora y por fin pudo festejar con la camiseta de la Gloria.
No fue muy efusivo lo suyo, más bien una descarga que fue acompañada por el abrazo solidario de sus compañeros. Así se completó la noche de “los Ramones” y de sus goles, que no siempre son amores, como reza el viejo adagio futbolero. Pero más allá de Ábila y Lentini, hubo otro atacante que se ganó el mote de figura: Marcelo Bergese. “Y pensar que si no vendían a mi hermano, no traían más delanteros”, reflexionó, entre los festejos y una incipiente garúa, una señorita a la que la delató su parecido con “el Chino” Romero.

