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En Córdoba, un poco de todo

17 de septiembre de 2013 a las 10:25 a. m.
En Córdoba, un poco de todo

Es lo que uno ve por televisión o cuando se instala en la tribuna de cualquier estadio. Hay equipos con maneras inalterables de concebir el juego. Y otros, a los que la misma imprevisibilidad del fútbol los obliga a cambiar. En los últimos días los representantes de Córdoba mostraron un poco de todo. Talleres debió abroquelarse y pasar más de un susto en Jujuy hasta que su productivo ataque comenzó a funcionar. En Córdoba no juega así; no se para en la cancha dispuesto al contragolpe. El equipo de Sialle parece haber despertado a una categoría en la que impera el pragmatismo.

Belgrano se instaló en Alberdi como siempre lo hace en su casa. Instalarse en la comodidad de su poltrona, cerca de Olave, seguro de su fortaleza, le estaba produciendo más de un dolor de cabeza. Vélez, como siempre activo y desafiante, le tocaba la pelota de un lado a otro, le ocupaba parte de su territorio y lo tenía en la mira para liquidarlo.

El gol visitante parecía ser cuestión de minutos y de paciencia. Pero no llegó. Hubo un cambio inmediato, quizá imperceptible para el hincha. Belgrano camino 10 pasos hacia adelante y empezó a presionar. ­Vélez tuvo que dividir la posesión de la pelota, hasta que definitivamente la cedió. Y cayó goleado.Instituto tiene otro modo de jugar al fútbol. Sabe que su propuesta no admite estaciones. Es una prolongadísima autopista que debe transpolarlo hacia el arco rival. Y así se predispone. Sus hombres se mueven en el campo con absoluta libertad. Sin muchos preceptos, casi codeándose en complicidad con la anarquía. Con la idea única de atacar y atacar. Eso le valió un gol, que pudieron ser varios más.

Y luego los padeció, sin haber cambiado antes y después, un mínimo de sus intenciones. Hasta que llegó Wanchope y todo pareció volver a la calma.

El fútbol de Córdoba pasó otro examen de fin de semana. El repaso indica que fue realmente muy bueno lo de Belgrano. Contagió energía, destiló vitalidad. Mostró inteligencia para cambiar el derrotero de un partido que lo llevaba a la derrota. Su triunfo también valió más de tres puntos.

Su adversario fue Vélez Sársfield, su reciente verdugo en la Copa Sudamericana, el que venía de ganarle por goleada al último campeón, Newell’s Old Boys.

También fue bueno lo de Talleres, ahora más práctico, aunque no tan lejos de sus románticos primeros partidos. Sumar, es la cuestión. El goteo de puntos, ese instinto depredador que gobierna los pensamientos y masajea los músculos, parece haberlo visitado. Y últimamente, mal no le ha ido.

Instituto no tiene diálogo con la ­especulación. Su espíritu libertario no transige con nada y con nadie. Y se hace más ostensible sin la presencia de un líder, que al menos le marque un poco la cancha. Jugando así, todo le vendrá doble: el acceso a la gloria, al imponer sus concepciones a rajatabla; o el camino a la frustración, como lo indica el manual de colores en el que ni por asomo aparecen los grises.

Sportivo Belgrano mostró lo suyo y apeló a la reserva de talento que tiene en Juan Pablo Francia para empatarle a Unión, un candidato.Son distintas formas de juego. ­Elementos que sirven para mantener la discusión sobre el jugar bien o ganar. O sobre qué es jugar bien. Mientras siga el fútbol, se mantendrá la polémica.