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El pecado de Emile Griffith

26 de julio de 2013 a las 09:21 a. m.
El pecado de  Emile Griffith

“Él estaba aún de pie contra las cuerdas, acorralado igual que antes, esbozó una media sonrisa de lástima que parecía decir ‘no sabía que fuera a morir tan pronto’, y entonces, con la cabeza inclinada hacia atrás pero aún erguida, la muerte vino a echarle el aliento. Comenzó a perder el sentido. Fue bajando con una lentitud nunca vista en otro, como un gran barco en picada que se desliza segundo a segundo hacia su fosa. El sonido de los golpes de Griffith hacía eco en la mente, como un hacha pesada que a lo lejos hiende un tronco mojado” (Norman Mailer – “Diez mil palabras por minuto”).

Brutal. Ustedes, lectores, deben ubicarse en Nueva York, 50 años atrás. Del combate entre Benny Kid Paret (Cuba) y Emile Griffith (Islas Vírgenes) en el Madison Square Garden, en marzo de 1962. Se dijo que el árbitro Ruby Goldstein (nunca más volvió a dirigir) permaneció paralizado mientras Griffith emboscó a Paret colgado en las cuerdas y le golpeó la cabeza 18 veces. El público, nosotros, quedó en trance extasiado ante la singular criminalidad. Paret murió 10 días después. La secuencia persiguió a Griffith toda la vida y lo llevó a decir: "Aunque nunca fui a la cárcel, he estado en prisión casi toda mi vida". Con sorna, dícese que Paret lo tildó de "maricón" por su confesa heterosexualidad, condición considerada pecaminosa en aquellas décadas.

Homofobia. En tanto combatía, Griffith había dictado su sentencia cuando declaró: "Me gustan tanto los hombres como las mujeres. Pero no me gusta la palabra homosexual, gay o maricón. No sé lo que soy. Amo por igual a hombres y a mujeres, pero si me preguntas cuál es mejor... me gustan las mujeres". A Carlos Monzón lo enfrentó en Buenos Aires y en Montecarlo. Antes se había medido tres veces con Jorge Fernández. En realidad, Griffith soñaba con volver a su oficio: diseñar sombreros para damas.

Paradigma. Por siglos, Emile Griffith (cinco veces campeón mundial) quedará asociado a la contradictoria humanidad que "perdonó al hombre que mató y condenó al que amó a otro hombre". El martes pasado, Griffith (75) murió aquejado por una encefalopatía pugilística.