El mensaje lerdo
Juan “Pichi” Mercier, volante de San Lorenzo de Almagro, sorprendió al mundillo futbolístico al confesar el lunes pasado que, finalmente, “el plantel entendió el mensaje” del entrenador Juan Antonio Pizzi, y eso explica por qué el equipo está rindiendo como lo está haciendo.
El tema es que Pizzi asumió a principios de octubre de 2012, es decir, hace un año, lo que lleva a pensar que el principal problema de San Lorenzo en los últimos 12 meses fue de comunicación interna más que futbolístico.
Cuando asumió hace 12 meses, Pizzi aseguró: “Mi objetivo es que el equipo sea protagonista y le pueda ganar a cualquier rival”. Lo que revela claramente que el mensaje en cuestión no era tan complicado y mucho menos hermético. Sin embargo, queda claro que por alguna razón costó que llegara al plantel en plena “era de la comunicación”.
“Suele suceder que muchas veces, dentro de una estructura u organización, no se le da a la comunicación interna la importancia que esta tiene en el funcionamiento de toda la estructura. Es una herramienta de gestión”, señala José Megáfono, comunicador social especializado en mensajes internos. El especialista considera que el problema de Pizzi no es nuevo, sino que se remonta a tiempos bíblicos.
“El primer caso documentado de falta de comunicación interna en la historia del hombre ocurrió entre el pueblo de Israel y Moisés, cuando este subió al monte para recibir la tabla de los mandamientos. Tardó 40 días y 40 noches en redactarlas (evidentemente que Dios se tomó su tiempo), y durante ese lapso no bajó ni la más mínima directiva a los que esperaban al pie del monte”, rememora el especialista.
Cuando finalmente descendió, los israelitas estaban adorando a una hollando-argentino que cruzó por el lugar, debido a que por esa grave deficiencia de comunicación interna se habían desviado de sus objetivos religiosos iniciales.
“De todos modos seguían siendo monoteístas porque se trataba de una sola vaca”, afirma el experto, quien además menciona otro hecho bíblico de iguales características en la construcción de la Torre de Babel. “En un momento, por culpa del nacimiento de los idiomas, los constructores dejaron de entenderse entre sí hasta para pedirse un fratacho, el trabajo en equipo se fue al mismísimo diablo y la obra arquitectónica se frustró”, señala el experto.
“Debido a este inconveniente comunicacional, la construcción de rascacielos se detuvo por miles de años, prácticamente hasta la erección de la Torre Eiffel”, explica Gacetilla, ejemplificando así las duras derivaciones que estos problemas pueden traer para el trabajo en conjunto, algo que padeció San Lorenzo desde la llegada de Pizzi.
Pero, ¿qué es lo que obstaculizó el mensaje del entrenador a sus jugadores durante un año? Acaso fue responsabilidad del técnico que se habría llamado a silencio y dirigía las prácticas sin pronunciar una palabra, porque trataba de hacerles llegar los conceptos por vía del mentalismo y la telepatía.
O como sostienen otros rumores, el DT daba las charlas técnicas a través de la mímica, lo cual dificultaba la comprensión por parte de los jugadores menos imaginativos. O peor aún: les hacía llegar el mensaje mediante complicados acertijos que ni siguiera el capitán y los referentes (los jugadores más experimentados) podían descifrar.
Otra hipótesis incluso sostiene que el coach habría utilizado palomas mensajeras para hacer llegar sus inquietudes a los jugadores, pero que debido a algunas sudestadas imprevistas, un importante números de aves se habrían desviado hacia el Uruguay, llevando en los anillos de sus patas valiosos conceptos filosóficos para el rendimiento del equipo.
También hay quienes consideran una posible responsabilidad de parte del plantel, por un severo cuadro de déficit atencional de sus integrantes o de buena parte de ellos. Hiperactivos y sumergidos en la tarea de mandar correos electrónicos o de ganar en los video juegos, muy pocos de los jugadores del Ciclón habrían prestado atención al mensaje del DT, y por esa razón pasaron meses hasta que advirtieron que Pizzi deseaba fervientemente que ganaran un par de partidos seguidos.
Cada vez queda más claro que en el fútbol moderno lo principal para una buena campaña no pasa por una buena pretemporada o tener cinco “Messi” en el equipo, sino por la comprensión del mensaje del DT. De lo contrario, todo está irremediablemente perdido.

