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“El Kaiser” y sus contrastes

01 de diciembre de 2012 a las 08:23 a. m.
“El Kaiser” y  sus contrastes

Daniel Passarella es el único espécimen del fútbol argentino que luce dos medallas de campeón del mundo. La primera lo refleja dando la vuelta olímpica en River, subido en andas y con la copa en sus manos: como el Gran Capitán que supo ser. La segunda, lo muestra lejos del Estadio Azteca, reponiéndose de un desgarro y de una “purguita” –según la reciente revelación del “Pato” Fillol– que lo dejaron fuera de juego y le despejaron el camino al liderazgo de Diego Maradona. El más patente contraste que muestra la carrera del exdefensor.

Después pintó para Gran DT, y fue elegido por la AFA para fundar el post-dieguismo. Pero un achique mal tirado lo privó del oro olímpico en Atlanta ‘96, y dos años más tarde, en Francia, padecería la revancha de los holandeses. De aquella etapa suya se recuerdan la obsesión por el pelo corto, la cruzada contra los aritos, los misterios ocultos tras las lonas verdes en Letrat, y sus visitas a Tribunales por “Mocho Bylu”, el yate que le valió un procesamiento por contrabando calificado.

El 9 de diciembre de 2009, Passarella se dio el gusto de convertirse en presidente del club donde había sido técnico y jugador; en su caso, River Plate. Así emuló el logro del alemán Franz Beckenbauer, el “Kaiser” original, en el Bayern Múnich. Primero perdió, pero una denuncia de fraude y el posterior recuento lo sentaron en el sillón con una diferencia de apenas seis sufragios. Le había ganado a Rodolfo D’Onofrio y a los “detractores” que recordaban aquel “de chico fui hincha de Boca” que una vez soltó como confesión y supuesto guiño a Mauricio Macri.

La última arremetida. Passarella fue el defensor más goleador del fútbol argentino, pero como presidente no emboca una. "Tu tiempo se acabó", le gritó a Julio Grondona. Y más temprano que tarde, River sufrió el primer descenso de su historia, una mancha imborrable. Dio la cara para redoblar la apuesta por Matías Almeyda ("merece más oportunidades"), y justo cuando el DT era premiado por el retorno a Primera, levantó el tubo para cantarle "no va más". "Fue una decisión consensuada", subrayó. "Me echaron", le retrucó Almeyda.

“Quiero que la familia vuelva a River”, enfatizó Passarella tres años atrás. “Ramón o muerte”, reclamaron la semana pasada los muros del Monumental. Y fue Ramón. Quizá la última arremetida para tratar de convertir un gol sobre la hora.

Antes lo había llamado a Ricardo Gareca, pero este se negó. Tal vez “el Tigre” haya recordado aquel 2-2 entre Argentina y Perú que valió el pase a México ‘86, cuando él puso su garra y Passarella salió festejando, adjudicándose un logro ajeno.