El desafío de Sabella en la previa de Brasil 2014
Misión cumplida. La selección argentina clasificó sin problemas a Brasil 2014. La primera exigencia a cualquier entrenador ya fue cumplida por Alejandro Sabella. Desde hoy y hasta junio próximo, su misión será revalidar lo que nuestro fútbol consiguió en 1978 y en México ‘86.
El objetivo del título mundial lucirá solapado por las excusas y por las explicaciones lógicas que surgen al evaluar semejante competencia: en Brasil estarán las mejores selecciones del mundo, incluido el equipo local, que buscará el resarcimiento histórico por aquel frustrante Maracanazo de 1950.
Aunque nadie lo diga ni lo dirá, cualquier argentino fantaseará con la imagen de Messi repitiendo a Passarella y a Maradona y con el festejo de todo un país en la calles. La propiedad redentora del fútbol curaría heridas, eliminaría prejuicios, y uniría la pasión y el exitismo.
Sueños al margen, y con la salvedad de estar a casi ocho meses del partido inaugural, vale preguntarse si Argentina tiene chances de “representarnos como corresponde”. El filtro ha sido la eliminatoria para evaluar un conjunto con parámetros netamente favorables y otros iluminados con la luz roja del alerta permanente.
El partido ante Perú, aun con Messi e Higuaín afuera, resumió la producción colectiva de Argentina en todo el certamen. El equipo volvió a aparecer partido en dos: el arquero y la mayoría de los defensores no lograron desactivar las dudas sobre si la categoría de cada uno alcanza para colgarse a la máquina inagotable de recursos de sus compañeros de avanzada.
Desde Sergio Romero hasta Marcos Rojo, el equipo nacional no brinda seguridad como grupo ni ofrece la jerarquía de alguna individualidad para tapar los errores colectivos. Argentina es permeable atrás. Federico Fernández y Ezequiel Garay han sido irregulares y en la consideración general no se han elevado como dupla al margen de algunos aciertos particulares, en especial en el juego aéreo.
Mayor endeblez surge de la figura de Romero, sin personalidad ni voz de mando a un equipo que siempre aseguró sus buenos resultados en la productividad de una gran ofensiva. Pablo Zabaleta ofrece oficio y una respetable proyección aun tratándose de un lateral derecho “inventado”, en tanto Rojo luce como la pieza más controvertida en el tablero defensivo de los de Sabella.
El medio mostró muchas veces a Gago, Mascherano y Di María. Y la pregunta que surge es si esta estructura tan poco defensiva servirá de ayuda a una última línea que presenta tantos flancos abiertos. Gago genera juego pero no contiene; además, no es un “8” convencional, que ocupa y gana con su sola presencia y rango el sector derecho del medio campo. Di María repasa con esmero su carril pero su fuerte es por lejos el arco adversario; sólo Mascherano cumple con ese rol. Demasiado poco en una estructura que necesita aumentar sus índices de seguridad.
Precisamente ese será el gran desafío para Sabella. ¿Cómo hará para que del fervor que generen Messi y compañía cuando merodeen el gol no se pase a la angustia de algún problema defensivo? Argentina, aun por encima de sus grandes atacantes, debe exponerse como una formación homogénea y sobre todo solidaria.
Así como Josep Guardiola hilvanó desde el esfuerzo individual una estructura que se valió del mejor del mundo para lucir casi perfecta, “Pachorra” deberá hacer lo mismo pero sin tanto tiempo de trabajo y con parte de una estructura que no tiene la jerarquía de los catalanes.

