Temas del día:

¿El Barsa molesta?

20 de diciembre de 2011 a las 10:08 a. m.
¿El Barsa molesta?

Barcelona sigue generando asombro. Agotados los adjetivos que se usan para calificarlo, obliga a renovar el análisis.¿Qué se puede decir después de la goleada al Santos que no se haya dicho? ¿Qué elementos nuevos nos brinda para enriquecer un comentario?

Hay tres aspectos de su juego que rompen paradigmas y tienen que ver con el modo de pensar el fútbol en Argentina. Uno es la ausencia de un grandote, o de un delantero potente, con características de romperredes, portentoso en lo físico y no tanto en lo técnico, ariete de ofensiva, bajapelotas, que usa su cabeza tanto para habilitar a sus compañeros como para dirigir el balón hacia el arco.

En Argentina, desde hace muchos años, si bien no se ha impuesto esa tendencia ofensiva (algunas veces exitosa pero casi siempre monótona) como una ley, ha sido cultivada por una buena parte de los directores técnicos.

Ergo, el paisaje del área siempre ha debido tener un eucaliptus para adornarla.

La respuesta del Barsa a esa manera de concebir el juego ha sido reunir seis petisos inteligentes (Messi, Xavi, Iniesta, Fábregas, Dani Alves, Thiago Alcántara), casi sin posición fija en la cancha, de una dinámica notablemente productiva, que ejercitan la economía del esfuerzo en la correcta utilización de los espacios en el campo y la por momentos infalible práctica del toque al compañero mejor ubicado.

Así, es común ver a los catalanes ejercer una presión de grupo única en tierras del rival para después recuperar la pelota y empezar a ejecutar la partitura propia.

El resultado para el Barsa fue inmejorable. En el 4 a 0 siempre estuvo Messi como ejecutor o asistidor y varios compañeros al lado suyo por si fallaba. Belleza en el juego. Organización perfecta.

La misma disposición individual barcelonista moviliza de nuevo una polémica que periódicamente surge cuando juega la selección argentina. ¿Pueden jugar a la par muchos mediocampistas o delanteros sin tanta talla física? Pekerman, Maradona, Basile, Batista y posiblemente Sabella hayan optado u opten por reunir a Messi, Tevez, Di María, Agüero, Riquelme, Banega o en su momento Maxi Rodríguez. Nunca o casi nunca pudo verse una respuesta que obligara a insistir en ese recurso o a asumirla como una norma no escrita.

Jugadores argentinos aptos para el ejercicio del fútbol libre nunca pudieron practicarlo dentro de una organización afianzada, preparada para ordenar tantas virtudes juntas.

Barcelona abre las alas de sus jugadores pero de una manera previamente analizada, ejecutada ya en edades menores, potenciada por un sentido de trabajo en grupo dentro de la cancha que hasta ahora no se ha visto en las actuaciones de la selección.

Y, por último, queda para ofrecer la secuencia interminable de 37 toques en uno de los goles del domingo a la mañana en Yokohama.

Causa asombro observar una retención del balón con tanta estética.

Barcelona toca para los costados y para atrás y para adelante. Lo hace las veces que sean necesarias. Lo realiza sin apuro. Cambia de costado en dos toques o junta a tres de sus jugadores en cinco metros cuadrados y genera una secuencia de pases propios de canchitas de fútbol cinco.

Ese tipo de encuentros, tan fugaces como atractivos, “el Barsa” lo hace precisamente con arte. Y saca como resultado goles memorables, impropios de un medio como Argentina, donde se hace cada vez más difícil la comunicación futbolística y mucha más fácil la histeria por el resultado.

¿Cuántas veces ha sentido en la tribuna el “no hacemos tres toques seguidos”? Juego feo, tumultuoso, casi diario, de fácil olvido. El de Barcelona se recuerda aunque venga en espaciados capítulos. Por eso hay que aprovecharlos antes de que se agoten.