Cuando la pelota transpira
El fútbol de verano tiene sus problemas. Si no se juega de noche, el sol pega fuerte, hay que parar los partidos para refrescar a los jugadores, los hinchas conscientes de que hay que cuidarse del golpe de calor regulan el aliento y la búsqueda de una sombra se convierte en un objetivo de prioritario, al punto que cuando se consigue una suelen darse apelotonamientos de simpatizantes en lugares mínimos.
El récord en este sentido ocurrió en un choque en la Liga Catamarqueña entre Policial y Juventud Unida Santa Rosa, jugado inexplicablemente un 9 de enero a las 15.30, con una sensación térmica de 62,3 grados centígrados. Los 300 desesperados hinchas que se dieron cita para el match advirtieron la existencia de una estrecha franja de sombra en una tribuna, de apenas cinco metros de largo por un metro de ancho, lo que determinó que se agolparan a razón de 60 individuos por metro cuadrado.
"Estaban uno arriba de otro conformando una masa informe de la cual asomaban cabezas y miembros de forma anárquica. Parecían cuadros de Picasso", relató en su momento un testigo. Si tenemos en cuenta que Bombay tiene 30 habitantes por metro cuadrado, estadísticamente la cancha de Policial ostentó durante 90 minutos una marca demográfica planetaria en su sector sombreado.
Como si todo esto fuera poco, la temperatura reinante provocaba el sobrecalentamiento de las bebidas que se vendían en la tribuna, lo que obligaba a los hinchas a beber vasos de gaseosa humeantes.
Pero la falta de sombra también se hizo sentir dentro del campo de juego en aquel bochornoso partido de la Liga Catamarqueña, ya que los jugadores se peleaban por cubrir los postes durante los córners.
"Era el lugar más fresco de la cancha", aseguró uno de los jugadores de aquel encuentro, quien reveló detalles hasta el momento desconocidos del juego, como que algunos de sus compañeros veían espejismos debido a la sed y al intenso calor reinante.
“Hubo un delantero que se arrojó dentro del área, pero no buscando un penal, sino convencido de que se estaba tirando debajo de una cascada de aguas cristalinas que estaba alucinando”, aseguró.
Precisamente, la falta de sectores sombreados en algunas canchas es la razón que generó más lamentos entre los hinchas que normalmente ocupan la cabecera norte del ahora Estadio Mario Alberto Kempes, al ver cómo era dinamitado el célebre Autotrol.
"Desde que comenzó a entrar en desuso como tablero electrónico, la función primordial de esa gigantesca estructura de cemento era dar sombra en verano.
Tendrían que haber evaluado esta invalorable contribución al bienestar de los hinchas antes de tirarlo abajo”, se quejó el titular de la Asociación de Amigos del Autotrol, Juan Carlos Tablero, quien exigió que el proyecto de remodelación de esa tribuna contemple alguna cobertura contra el sol, como la construcción de una sombrilla gigante de cemento en el centro de la cabecera.
Pero el verano también trae otros problemas adicionales al fútbol, como ocurrió el 30 de diciembre pasado en Santa Fe, donde un partido de la Liga local entre los clubes El Quilla y Santa Fe FC debió suspenderse por una invasión de mosquitos.
En principio, los jugadores y el público protestaban porque eran intensamente picados por estos molestos insectos, pero lo que realmente determinó la suspensión del partido fue un intento de secuestro exprés del arquero de Santa Fe FC por parte de los agresores.
Según aseguró un testigo, unos 300 mil mosquitos lograron reducir al cuidapalos y comenzaron a izarlo para sacarlo del estadio y luego, seguramente, pedir un rescate.
Gracias a la valiente actuación de dos alcanzapelotas que logaron tomar por los pies al arquero, la audaz maniobra delictiva quedó frustrada, pero el partido debió ser suspendido por falta de garantías.
Y también de pelotas, porque en represalia por no haber podido quedarse con el jugador, los insectos se llevaron todas la Jabulani con las que se disputaba el encuentro.
El incidente de Santa Fe sirvió, sin embargo, para alertar a la AFA de que los mosquitos están evolucionando a pasos agigantados.
No sólo demostraron que son cada vez más fuertes, sino que pueden actuar coordinadamente, lo cual debe obligar a tomar medidas urgentes ante la inminencia de los tradicionales torneos de verano.

