Camisetas boomerang
La trascendental decisión de los hinchas de Atlanta de devolver a la cancha las camisetas que sus jugadores les habían lanzado a modo de disculpas, por haberse comido 11 goles en dos derrotas consecutivas (la última contra Instituto), constituyó un hecho histórico para el fútbol argentino, si se tiene en cuenta la avidez desenfrenada de los simpatizantes por las camisetas utilizadas en los partidos por sus equipos.¿Estaban demasiado transpiradas? ¿No eran de buena calidad? ¿Tenían fallas de confección? ¿Cómo debe interpretarse esta actitud de los hinchas bohemios?
“Es imprescindible evocar las imágenes de hordas descontroladas de hinchas invadiendo las canchas para desnudar a sus jugadores en la última fecha de un torneo (aun cuando el equipo haya descendido a la liga de origen), para tener una cabal dimensión de lo que significa esta actitud de la barra de Atlanta”, señala el sociólogo Juan Carlos Polera, investigador especializado en el estudio de la relación del ser humano con la vestimenta, y que desde hace 45 años analiza la atracción que sienten los hinchas argentinos por las camisetas usadas por sus jugadores.
El estudioso, quien pese a las décadas de investigación no tiene la menor idea de la razón de este fenómeno, asegura que hubo al menos un caso de que un jugador se resistió tanto al saqueo de su camiseta, que un hincha se lo llevó de la cancha con casaca y todo. Recién lo devolvió al club cuando el futbolista accedió a quitársela por sí mismo luego de pasar varios días confinado en un placard.
"Venían sus amigos y el tipo abría el placard y les mostraba la camiseta que había conseguido, conmigo adentro por supuesto. Fueron momentos muy traumáticos para mí, que sin dudas me marcaron para toda la vida", asegura el ex jugador, que hasta el día de hoy prefiere mantener su nombre en reserva.Polera también dispone de información sobre las bataholas generadas en las tribunas cuando alguna camiseta es lanzada por algún jugador. Como el episodio protagonizado por un delantero del ascenso que le ofrendó su camiseta a su madre de 93 años a través del alambrado.
Segundos después, un grupo de individuos le reclamó bajo amenazas la casaca a la anciana, quien no obstante logró conservarla gracias a que amagó con hacer detonar una granada que siempre llevaba encima para defensa personal.
Pero el gesto de los hinchas de Atlanta marca también un antes y un después en el pedido de disculpas por una mala campaña.
Según los estudiosos de la conducta de los fanáticos, estos ya no sólo exigen las disculpas públicas de sus jugadores por perder todo el tiempo, sino también actos de penitencia que revelen cuánto pesar les causa una mala campaña.
“Lisa y llanamente pretenden que en caso de derrotas humillantes, sus jugadores practiquen diversas variantes de autoflagelación pública que pongan en evidencia que quieren expiar su culpa”, señala en sus conclusiones un estudio de la Universidad de Baltimore.
Según esta investigación, no aceptarían cualquier forma de autocastigo, sino las más convincentes, entre las que se contarían:Arrojarse huevos a sí mismos. Los jugadores deberían lanzar huevos hacía arriba en ángulo de 90 grados y esperar a que se estrellen en sus cabezas en señal de autorrepudio por sus bajas actuaciones.
Rayarse los autos. Mediante clavos o destornilladores, los jugadores escribirían sobre la pintura de sus propios autos palabras insultantes hacia sí mismos, del tipo “devuelvan la guita”, “si no ganan el clásico los matamos a todos”, etcétera.
Apedrear el ómnibus de la delegación. Cuando el vehículo abandona el estadio después de una derrota agraviante, varios jugadores deberían apearse de la unidad y arrojar piedras y tornillos a las ventanillas, mientras profieren agravios hacia el plantel que ellos mismos integran.
No cabe la menor duda de que las hinchadas argentinas cada día están más sensibilizadas.

