Temas del día:

Belgrano y el otro River

Los Millonarios transitan un nuevo tiempo. Siempre al borde del caos y sin líderes, un hincha lejano y exitoso se acercó a dar una mano hasta transformarse en una referencia providencial.

31 de julio de 2012 a las 10:46 a. m.
Belgrano y el otro River

¿Habrá sido una bolilla helada la que ubicará a Belgrano en el Monumental? ¿Será nomás la simple casualidad la que pondrá a River ante su todavía insospechado verdugo?

Ya ni siquiera valen como interrogantes estas posibilidades que, ya sea una u otra, han ubicado a los celestes ante el escenario de uno de sus logros más sonados y comentados.

Antes, Zielinski y sus jugadores han debido cumplir con el sorpresivo protocolo. El clásico con Talleres se metió como cuña para forzar emociones que no estaban previstas antes que las previsibles de Núñez.

Generoso desde lo económico y aséptico desde lo deportivo, el partido con Talleres sólo trajo alegría a Alberdi. La única y gran preocupación no la provocó un compromiso a deshora o un adversario demasiado vehemente.

Las leyes del mercado que no saben de pasiones y arraigos lo llevó a Ribair Rodríguez Pérez a Italia. Con su partida Belgrano se quedó sin un jugador demasiado importante para la prédica y el acto que siempre impulsó Zielinski. Belgrano no será la excepción en las dudas que plantea a sus hinchas en el comienzo de un campeonato.

¿Se adaptarán Sergio Rodríguez, Martín Zapata y César Carranza al orden que siempre pregonó su técnico? ¿Será Lucas Melano capaz de ampliar la breve huella que dejó Andrés Silvera? ¿Conservará el equipo aquella mística que lo llevó a ganar de visitante a Estudiantes, a Newell´s, a Racing, a Tigre...? ¿Será inminente el regreso de César Pereyra? River lo esperará todavía sumergido en ese trance indeseado que quiere ser olvidado mucho más rápido que con el tiempo y la resignación.

La última pala con tierra terminará de sepultar el descenso cuando se eleven los brazos al cielo con la venganza consumada. Sólo servirá una victoria para curar parcialmente la herida. Los Millonarios transitan un nuevo tiempo.

Siempre al borde del caos y sin líderes, un hincha lejano y exitoso se acercó a dar una mano hasta transformarse en una referencia providencial. David Trezeguet se convirtió en la adquisición más redituable para River en lo que va del siglo al encarar por su cuenta y sus virtudes, no sólo las futbolísticas, una transformación que ha trascendido el campo de juego.

Sin Fernando Cavenaghi ni Alejandro Domínguez, avalado por la inexperiencia de Matías Almeyda y por la planificada ausencia de Daniel Passarella, el franco-argentino, en seis meses, a base de buena conducta y muchos goles, se ha metido a los simpatizantes literalmente en el bolsillo, pero no ha jugado con ellos. Ya lo hizo una vez en Juventus, cuando la Vecchia Signora descendió a la serie B por amaño de partidos.

La estampida de primeras figuras no se hizo esperar. Él se quedó. Y terminó siendo en 2009 el máximo goleador de la “Juve” por encima de Enrique Omar Sivori. Hoy, con 34 años y un currículum que sólo un orfebre puede tallar, con sus modos cansinos pero convincentes, ha abierto varias puertas que parecían selladas en el Monumental. Sus aliados Leonardo Ponzio y Cristian Ledesma lo respaldan.

Desde cambios en el plantel en el hábito alimenticio hasta normas distintas en la relación con los medios de comunicación, el hombre a seguir en River está dejando su impronta. Los pibes lo siguen. Los grandes, también.

Después de mucho tiempo en River parecen haber empezado a distinguir a alguien que piensa y habla en lugar de agredir. Es un buen comienzo para encarar ante Belgrano el partido de las reminiscencias, aunque luego en el césped se vea otra cosa.