Belgrano-River, siempre especial
Tras el batacazo en la promoción, este cruce nunca será uno más. Mirá el análisis de Enrique Vivanco en la previa.
Es otro River, se nota, independientemente de cómo le vaya en el Torneo Final. Está más seguro, más confiado, más libre y se lo observa más audaz. Lo demostró por breves lapsos en el verano, espacios reducidos pero suficientes como para dar vuelta la página y dejar atrás, sin compasión, aquel ciclo tembloroso y lleno de dudas que lideró con dignidad Matías Almeyda.
Ramón Díaz lo lidera y es lógico. Su carisma y sus títulos en Núñez nunca se olvidaron y fueron la plataforma en la que se apoya para dirigir la renovación total en un club que ya pareció tocar fondo y que de a poco busca recuperar su mejor imagen.
Con este River, que ahora se anima a volar y a despeinarse, se enfrentará el domingo Belgrano. Partido singular y simbólico, que va más allá de los puntos; que unió hace un año y medio al que llegaba en caída libre y en pleno proceso de autodestrucción, y al que empezaba a desandar el mejor momento de su historia.
Con este River de pecho inflado y oxígeno renovado jugará el equipo de Ricardo Zielinski. Presente en el último clásico, el técnico celeste habrá tomado apuntes del notable cambio de actitud de su futuro adversario, de sus capacidades futbolísticas específicas y también de sus (varios) puntos débiles.
Belgrano deberá jugar contra una formación un poco más sólida que la anterior, que parece moverse con más naturalidad en el juego abierto, sin marcas propias y del contrario, con poca transición en el medio campo y con algún desequilibrio en las cercanías del área adversaria.
Al menos así lo demostró cuando enfrentó a Boca, al que superó en dinámica y en la calidad técnica de sus jugadas. En ese plano de movilidad constante e improvisación obligada funcionaron bien Carlos Sánchez, Manuel Lanzini, Rodrigo Mora y también Ariel Rojas o Leonel Vangioni, a los que se suma el talento de goteo inconstante de David Trezeguet. Con ellos, River desequilibra, tiene variantes, apoyadas seguramente por la dupla Cristian Ledesma y Leonardo Ponzio (éste jugando en un nivel de fútbol europeo), los preferidos de Ramón a la hora de iniciar la generación de fútbol desde la media cancha.
En ese trajín hacia el arco rival sin estaciones, se explican los problemas defensivos vislumbrados ante Boca. Con línea de tres, en las que Adalberto Román o González Pírez serán los últimos hombres, y Gabriel Mercado y Jonathan Botinelli los sttopers, River se hace permeable por sus mismas limitaciones de número y por algún error en la marca de los carrileros. Es sabido que jugar sólo con tres defensores exige una coordinación de movimientos en ese sector casi perfectos.
Y ante Boca expuso algunos defectos que la sólo presencia de Ervitti no fue suficiente para quebrarla más.
Belgrano, muy probablemente, jugará a lo Belgrano, el modo que menos beneficia a River. No le dejará espacios en el medio para que maniobren libres Mora y Lanzini o Mauro Díaz y Ponzio, no forzará el golpe por golpe para saber quién es el más fuerte y husmeará los rincones menos despoblados de su zaga para quebrarlos con “el Picante” Pereyra o con Víctor Aquino, o con el que se anime por los laterales.
El mundo al revés que planteó Belgrano aquel junio de 2011 ya no estará en juego por lo planteado al principio. Belgrano ha dejado de ser una sorpresa. Ha demostrado sentirse cómodo y seguro con los mejores. River ya tiene un mejor semblante. No obstante, querrá vengarse ante el autor material del peor momento de su riquísima historia deportiva. Algo que todavía le llevará un tiempo asimilarlo. Ahí estará el morbo. Pero lo más trascendente es que se vea un lindo partido.

